Bajó por las escaleras sigiloso, por si quedaba por allí algúnempleado de la limpieza, que eran los que se acostaban más tardeporque se quedaban a recoger el comedor y la cocina de los restos dela cena. Para llegar hasta la cocina tenía que cruzar por el salónde la televisión, que era también donde se reunían sus tías atomar el té o el café de después de comer, mientras arreglaban elmundo. Y luego, tenía que atravesar todo el comedor hasta llegar ala puerta del fondo que era la cocina.
Pero en el salón de la tv había alguien sentado en el sofá, deespaldas a él, mirando los anuncios de la tele. Era un hombre mayory estaba solo, pero no consiguió adivinar de quien se trataba porquetodavía no se conocía la anatomía de todos y cada uno de lostantos empleados que vivían en aquella casa. Así que, para noarriesgarse a que fuera uno de los chivatos de su abuela, prefiriópegar toda la vuelta al edificio, cruzando por el hall, atravesandola sala de baile y saliendo al pasillo donde se encontraban las aulasde primaria, donde recibían clases sus primas pequeñas, y acontinuación las habitaciones de los maestros internos, losmecánicos, los chapuzas, o sea: fontanero, albañil, carpintero yelectricista, y por último las habitaciones de las tres cocineras.Luego les seguía la despensa, el montacargas, y finalmente lacocina. Las ventajas de vivir en una casa circular.
Abrió las puertas de aquella gigantesca cocina, como la de un buenrestaurante, moderna y nueva, apenas haría un par de años desde sureforma. Estaba impecable. Como no sabía por donde empezar, decidióir abriendo las puertas de los armarios metálicos, a ver qué habíaal otro lado. Como él suponía guardaban todos los alimentos en elcongelador porque les traían la compra cada quince días más omenos, en un camión ya congelado. El pan, la fruta, las verduras, lacarne, todo, absolutamente todo estaba congelado. Lo únicocomestible que encontró descongelado fueron huevos. Así que empezócon la siguiente tarea, buscar una sartén y el aceite parafreírselos.
Había allí una cantidad de aparatos, cámaras y demás maquinaria,escasos de botones, todo muy digital, que lo tenían intrigado. Lascocinas que él había conocido apenas contaban con el horno, lanevera, el microondas y la vitrocerámica en las casas más modernas,porque en la mayoría de las que había estado todavía utilizabancocinas de gas, con fogones. Entonces, aquella cocina tan futuristalo desorientaba, no sabía por donde empezar, pero como tenía todala noche fue tocando todos los botones de todos los aparatos para versi se encendían y para qué servían. Con unos tuvo más suerte quecon otros, adivinó lo que era una cámara de fermentación por losdibujos de las instrucciones que había en la puerta. Lo mismo lesucedió con los hornos, porque había varios, y con los microondas,que eran tan complejos y sofisticados que apenas notaba lasdiferencias entre unos y otros.
Bueno, al final escudriñó toda la cocina. Consiguió freírse unpar de huevos y descongeló un poco de pan en uno de los microondas.Procurando hacer el mínimo ruido posible para no despertar a lacocinera jefa, que dormía en la habitación de enfrente y teníapinta de tener mal genio y ser una bocazas y una pelota de su abuela.
Pensó, mientras se los comía, rebañando el plato, que las sopaseran de sobre, la leche y los zumos en polvo, y a todo lo demás leañadirían conservantes y colorantes a saco para que tuviera buenaspecto. Cuanto echaba de menos los potajes que hacían las madres otías de sus compañeros cuando se quedaba a cenar en sus casas, consu choricito, morcillitas, patatas con cebolla, garbanzos,zanahorias. Lo echaba de menos, y eso que él no era un glotón, queera de los que se comían el plato porque había adquirido el hábito,no porque lo necesitara, podría sobrevivir tranquilamente dos díassin probar bocado, pero era a lo que tenía acostumbrado a suestómago y a su paladar.
Cuando terminó, fregó lo que había ensuciado y dejó todo como selo había encontrado. No le gustaba dejar rastro por donde pasaba. Ypensando que el que estaba viendo la tele ya se habría ido a dormir,intentó salir atravesando el comedor y el salón de té, antes quedar la vuelta a toda la casa otra vez, arriesgándose a que alguienoyera pasos por el pasillo y lo descubrieran.
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ETHEL, El heredero.
Genç KurguRüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
