Al acercarse más, observó que a los pies del más gordito había un maletín negro, de ejecutivo. No era sitio adecuado para llevar un maletín de ejecutivo. ¿Quiénes eran en realidad aquellos dos tipos y qué hacían allí parados? El bosque estaba un poco más alto que el camino, por lo que tenía mejor visibilidad. Al llegar casi a su altura descubrió que al otro lado de la pequeña cuesta había un vehículo. Un Mercedes negro, el típico coche de protocolo, con los cristales tintados, mal aparcado en la orilla del camino, rozando unos arbustos medio secos con su flanco derecho que, seguramente, le regalarían unos buenos arañazos en la pintura brillante y lustrosa, cuando se fuera.
No conseguía distinguir bien los rostros de los hombres, que parecían esperar algo, debido a la oscuridad reinante. Pero, por los movimientos y los ademanes, le resultaban un tanto familiares.
Se acercó un poco más para ver si lograba escuchar la conversación, aunque tenía el aire en su contra, por eso no los oía todavía a pesar de la cercanía y el oído tan fino que tenía.
—¿Cuánto más vamos a esperar? Me estoy muriendo de frío —dijo el que parecía más joven, encogido y bailoteando para entrar en calor, mirando en todas direcciones, impaciente.
—Lo que haga falta —respondió escuetamente el otro, el más gordito y más alto, con pinta de ser más mayor también y más calmado.
Cuando se giró para otear el final del camino pudo distinguir la silueta de su rostro.
¡Lo conocía! ¡Era el mayordomo personal de su abuela!
¿Qué hacía allí? El otro tipo seguramente sería el chófer, y el maletín tal vez fuese para... ¿pagar su rescate? ¿Estaban esperando a los secuestradores? ¿Habían quedado allí con ellos? Enseguida su mente empezó a darle vueltas a todas las posibilidades. A lo mejor incluso formaban parte de ellos y el secuestro se había fraguado desde dentro. ¿Cómo podía saberlo? Había demasiada gente trabajando en aquella casa que conocían al detalle los ir y venir de todo el mundo. Pero enseguida descartó esa posibilidad porque en tal caso no estarían allí esperándolos, ya que tendrían otro medio de contactar más efectivo y menos incómodo. Decidió escuchar un poco más para ver si obtenía las pistas que le ayudaran a elaborar un plan de fuga.
—Seguramente lo hayan matado ya. Les vamos a entregar el dinero para nada. Como pasó la ultima vez —protestaba el chófer, paseando de un lado a otro del camino.
—Posiblemente —admitió el mayordomo, con toda la calma del mundo, como si hiciera aquello todos los días—. Pero las ordenes son las ordenes.
—Si, claro, las ordenes —refunfuñó un poco más—. ¿Sabes lo que tendríamos que hacer? ¿Lo sabes?
—Sorpréndeme —contestó desganado, frotándose la base de la nariz, como si estuviera harto de escuchar sus tonterías.
—Coger el maldito dinero y repartírnoslo. Aquí no aparece nadie y llevamos más de media hora esperando. ¿Qué formalidad es esta? ¿Quieren el dinero o no? ¿Quién se va a enterar de lo que hagamos con él? La vieja ni siquiera ha dado parte a la policía.
—¿Y si está vivo todavía?
—Imposible. Te lo digo yo. A ese se lo han cargado directamente en la furgoneta en la que se lo llevaron. Fijo. ¿Para qué lo iban a mantener con vida?
—Para que les demos el dinero, por ejemplo. Las ordenes son claras, si no hay señales de vida del condesito; no hay dinero. Y ellos lo saben porque es lo que se ha pactado.
—¿Y entonces porque no han venido aún? Lo habrán matado y ahora no saben qué hacer para hacernos creer que está vivo y llevarse la pasta.
El mayordomo suspiró sonoramente demostrando su hastío hacia el chófer impaciente y deshonrado.
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ETHEL, El heredero.
Teen FictionRüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
