Porsupuesto, su abuela no tardó en llegar. Bueno, en realidad vinierontodas a la vez, en un autobús exclusivo para ellas y su equipaje,que era lo que más abultaba.
Élno se dignó a salir a recibirlas, aunque se moría de ganas dehablar con Steph e Inna, pero como estaban las otras delante pues seconformó con verlas bajar del autobús desde la distancia, ocultoentre los árboles donde estaba pastoreando con sus ovejas.
Aquellamisma noche fue él quien visitó sus habitaciones puesto que, comose había mudado, ellas no darían con la suya actual. Pero una vezen la puerta de la de Stephy no se atrevía a llamar, pensó queposiblemente estaría cansada del viaje y no tendría ganas de hablarcon él, pero a través de la puerta escuchó voces y, cuando sedisponía a pegar la oreja para oír la conversación, la puerta seabrió bruscamente sin darle tiempo a esconderse, ni a disimular.
—¡Primo!—exclamó Inna, que era la que había abierto la puerta, sorprendidade verlo allí y, sin dejarlo saludar siquiera, se le tiro encimapara darle un efusivo abrazo.
Elcuerpecillo delgado y escueto de Inna le recordó vagamente al deJowy. Desde entonces nadie lo había abrazado... y lo echaba tanto demenos. Había tenido sexo con Alice, pero ni una pizca de cariñosincero.
Aloír a su hermana, Steph salió también a abrazarlo, aunque másfríamente, pero él lo agradecía igual puesto que eso yasignificaba mucho viniendo de ella, que era un iceberg.
Sindejarle hablar se lo llevaron para dentro y cerraron la puertaasegurándose de que nadie las había oído.
—¡Québien nos lo hemos pasado! —decía Inna sin poder dejar de hablarfrenéticamente, como si no fueran a tener más tiempo para contarlecosas—. Fuimos a la Fontana de Trevi, vimos Pompeya, entramos en elColiseo...
—Vimosa tu hermana —le soltó de repente Steph, cortándole el buen rolloa Inna, que enseguida cambió la expresión de su cara.
Rüdiguertambién cambió el semblante simpático que traía por uno másserio.
—¿Qué?¿Cuándo? ¿Cómo? —Quiso saber enseguida, preocupado.
—Busquélos apellidos de sus padres adoptivos en una guía de teléfonos deSicilia, cuando estuvimos allí, mientras comíamos en el bar —Empezócontando Steph, mientras Inna se resignaba a guardar su ilusión paraotro momento puesto que sabía que aquel tema le interesaría muchomás que sus aventuras de chiquilla.
—¿Losencontraste? —preguntó ansioso.
—Sí.Los llamé por teléfono para concertar una cita tras explicarlesquienes éramos y que sólo queríamos conocerla, que no íbamos aintentar llevárnosla ni nada de eso que pudiera asustarlos yecharlos para atrás, y... bueno, me sorprendió que todo fuera tanfácil, no las tenía todas conmigo pero... parece ser que sí queera ella.
—¿Cómoestás segura?
—Bueno,ella se acordaba de nosotras. Vagamente, pero algo recordaba. Ten encuenta que vivió aquí más tiempo que tú.
—Enrealidad se acordaba más de mamá —aclaró Inna—. Es la únicaque no ha cambiado mucho en todos estos años.
—Nospreguntó por ti —continuó Steph, tras echarle una miradareprochadora a su hermana por la interrupción.
ARüdiguer le dio un vuelco el corazón. No sólo su hermana estabaviva sino que, además, se acordaba de él.
—Lecontamos cómo iban por aquí las cosas... suavemente, para noasustarla ni preocuparla, puesto que no puede hacer nada desde allí,y tampoco les importa mucho a sus padres, sinceramente. Los trapossucios es mejor que se queden dentro de casa. ¿No crees? Además,teníamos poco tiempo porque el guía sólo nos había dado libre unahora y no pudimos estar hablando con ella todo el rato que hubiésemosquerido. Pero... en ese poco tiempo me dio la sensación de que noera trigo limpio, primo. Creo que oculta algo.
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ETHEL, El heredero.
JugendliteraturRüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
