Rüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
Se duchó rápidamente y se vistió con el traje que le había subido Tieg de la lavandería, recién planchado. Dudó un momento a la horade peinarse. El pelo ya le había crecido un poco y se había prometido que no se lo cortaría hasta volver a España, de manera que lo tenía largo para peinárselo como si fuese corto y corto para tratarlo como si fuese largo, así que casi siempre se le quedaba bastante desordenado. Al final decidió no complicarse la vida y se lo peinó todo hacia atrás, más que nada para despistar al tipo gordo y su familia, en un intento de esconder al pastor que habían conocido.
Se sentía raro con el pelo hacia atrás, a lo Mario Conde.Echaba de menos su flequillo, siempre en los ojos, tras el que esconderse, así que, por el pasillo que conducía al salón de té donde lo esperaban, se lo pensó mejor y sacudió la cabeza alborotándose el pelo, dejándolo caer por su peso, sin intentar domarlo, ni dirigirlo, apenas se lo atusó un poco con las manos para apartárselo de la cara dejando su flequillo colgando para poder parapetarse tras él si fuera necesario.
Al abrir la puerta del salón de té, todos se giraron para verlo.Odiaba aquellos momentos de protagonismo. No terminaba de acostumbrarse a ser el centro de las miradas. Pero intentó que no se notara y actuó como le exigía el protocolo. Allí estaban todos sentados alrededor de la pequeña mesita de té, con unos refrescos y algo de picar puesto que estaban a punto de comer. El tipo gordo y engreído, con una sonrisa más falsa que un billete del monopoly, se levantó enseguida, dando un paso hacia él con la mano extendida dispuesto a estrechársela, haciendo que su familia se levantase con él. Y si se levantan los invitados, los anfitriones deben hacerlo también. Así que en un momento estuvieron todos en pie, como si hubiese entrado la autoridad en la sala. Y en realidad era eso. Para los extraños él era la máxima autoridad en aquella casa. Aunque de puertas para adentro los pantalones los llevara su abuela, como siempre.
Si estás leyendo esto fuera de wattpad, y no se titula "Ethel el heredero", o la autora no es Bruja Reina, que sepas que estás leyendo un plagio. Por favor, denúncialo.
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