Podría haberse mofado de ellos, podría haber peleado más y colarsepor un lateral del tío gordo de la barra para llegar a la puerta yabrirla, pero no estaba seguro de lo que se podría encontrar. Teníamiedo de que no lo reconociese con aquellas pintas, de que lorechazase sin dejar que le contara todo lo que le tenía que decir.Fue demasiado lento tratando de tomar la decisión correcta yaquellos tipos habían decidido por él, echándolo a la puta calle.
Lalluvia no había parado, es más, parecía que caía con másintensidad. No tropezó en la acera de milagro y consiguió mantenerel equilibrio y no caer al suelo tras el empujón. La puertaprincipal estaba en la esquina contigua a la puerta trasera. Cruzóla calle y se colocó en la esquina de la manzana de enfrente, demanera que pudiera controlar las dos puertas a la vez. No dejaríaque se escapara. Si estaba allí dentro, tarde o temprano tendríaque salir por alguna de las dos puertas y él la vería, por muybueno que fuese el disfraz. Tenía mucho tiempo, tenía toda la nochepara esperar.
Lacola de gente había desaparecido. El bullicio del tráfico se habíaconvertido en un goteo de vehículos muy espaciados unos de otros. Ypermaneció allí de pié, bajo los balcones, soportando el diluvioincesante, sin apartar la mirada de ambas puertas. Estaba un pocolejos pero era la única manera de controlar las dos salidas. No lecostaría mucho pegar cuatro zancadas en la dirección correcta unavez hubiera salido.
Perono salió nadie. Ni el tío de la barra, ni la chica de la fregona,ni los dos armarios que lo habían tirado fuera. La persiana de lapuerta principal estaba cerrada hasta abajo. Pensó que tal vezhubiera alguna salida hacia la portería contigua, pero tampoco porallí vio salir a nadie en todo el rato. No podían haberse esfumado,y no le parecía muy normal que se quedaran a pasar allí la noche,sitiados, porque un "fan" hubiese intentado seguirla al terminarla actuación. No le importaba, tarde o temprano saldría alguien yno se le escaparía. Fuese quien fuese pensaba abordarlo yacorralarlo de alguna manera y acribillarlo a preguntas hasta que ledijesen lo que él quería oír. No pensaba rendirse y no dejaríaque se le escapase una vez más. No iba a volver a Suecia de manosvacías. Antes emplearía la fuerza si hiciera falta. Podría abrirla cerradura con su llave maestra, podría colarse y registrar todoel edificio sigilosamente aprovechando las altas horas de lamadrugada y que, seguramente, sus habitantes estarían dormidosprofundamente.
Perono lo haría. Porque todavía no sabía qué hacer cuando se laencontrara cara a cara. Era un momento que lo aterraba a pesar dehaberlo estado deseando durante siete largos años. Tenía quepensar. Necesitaba pensar. No podía pensar estando quieto y se pusoa pasear de un lado a otro de la acera, sin perder de vista las dospuertas, bajo los balcones, para evitar mojarse más de lo que yaestaba.
Peroentonces empezó a salir la gente del cine, llenando la acera deparaguas que se movían en todas direcciones y tapándole lavisibilidad. El tráfico volvió a resucitar, salpicando cuando loscoches se acercaban demasiado. Dejó de pasear para mirar atentamenteque no se abriera ninguna de las dos puertas. Incluida la del zaguáncontiguo. No estaba en una posición muy discreta y si quisieran lohabrían estado viendo todo el rato por las ventanas. Si élestuviera dentro y quisiera salir aprovecharía el arropo de lamultitud para escaquearse entre ellos, pero no vio nada extraño. Laspuertas no se abrieron en ningún momento. Claro que... la persianase podría haber subido medio metro, el justo para pasar por debajo,y volverse a cerrar como si nada.
Laduda lo carcomía. Necesitaba ayuda. Era hora de llamar a Nikke y siestaba con su chica del coro que la despachase pronto. Para algo lepagaba su abuela.
Eltaxi con Nikke llegó enseguida. Le había dado la dirección queleyó en los carteles de las esquinas de ambas calles para que lolocalizara. No estaba con la chica del coro. Se habían quedado unpoco después de la actuación a tomar unas copas pero ella no quisoacompañarlo al hotel, ni ir a ningún otro sitio con él, porque sedespidió poniendo la excusa de que al día siguiente tenía quemadrugar, que trabajaba en El Corte Inglés por las mañanas y estabamuerta. Pero por lo menos se habían intercambiado los teléfonos,para quedar otra tarde, más tranquilamente, según sus propiaspalabras. Por eso estaba contento, porque se la estaba ganando poco apoco y casi le gustaba más así que si hubiera sido una chica fácily se hubiera acostado con él en la primera noche.
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ETHEL, El heredero.
Teen FictionRüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
