Rüdiguer se sorprendió de verla allí cuando la oyó carraspear para llamar su atención entre tanto bicho. Se avergonzó un poco de que lo viera en aquellas condiciones, con aquella ropa sucia que no se lavaba NUNCA, porque era la del ganado. Se limitaba a ponérsela al entrar allí y a colgarla en la puerta cuando se iba, así día tras día. Pero lo sorprendió más el hecho de que ella hubiera bajado hasta allí y se hubiera rodeado de sus ovejas, aunque no bajara las manos y las mirase de reojo, como si temiera que alguna de ellas le fuera a morder la ropa.
—¿Y bien? Cuanto antes empieces antes acabarás —dijo Rüdiguer, sabedor de que no estaba a gusto allí.
—Sí, será lo mejor —dijo su abuela, apartándose de Lula, que había ido a olfatearla.
Rüdiguer llamó al animal para que la dejara tranquila.
—Verás, no me gusta cómo lleva Tage el condado. Es un manirroto y un derrochador. Pero... no puedo deshacerme de él hasta que no deje embarazada a Maríe para asegurar la línea de sucesión —De vez en cuando hacía una pausa para recogerse la falda un poco o apartarse de las ovejas que la rodeaban—. Comprende que si a él "le pasara algo", tú volverías a ser el conde y, como parece ser que no te gusta... pues necesito tener algún sustituto... por si acaso, ya sabes —No lo quería pronunciar.
—Dilo sin miedo —le alentó él—: Por si me matan. Está claro. No quieres quedarte sin herederos. Vale —Sin dejar de hacer su faena en ningún momento.
—Sí —admitió modestamente—. Pero no por ello voy a permitir que lapide toda mi fortuna...
—Ve al grano. ¿Qué has pensado? —atajó él, porque estaba padeciendo de verla entre sus animales.
—Hum... todavía no he pensado en nada —dijo parsimoniosamente—. Pero te lo comento para que tengas cuidado con lo que dices, y las amenazas que lanzas por ahí sin pensar... —dejó caer sutilmente, mirando a su alrededor, como si reparase entonces en la primitiva construcción del corralito, con su zona cubierta y todo.
Rüdiguer enseguida supo por dónde iba. Se acordó de sus frases famosas. "Podrías tener un accidente" y "no es una amenaza, es una advertencia"
—¿De verdad serías capaz de... —Intentó preguntar asombrado.
—Haré lo que sea en tal de conservar el condado. ¡Lo que sea! —dijo muy seriamente, olvidándose por completo de los animales y volviendo a ser ella misma—. No me da ninguna lástima. Es un usurpador y un trepa, y esa gentuza debe mo... —Se auto interrumpió porque no le gustaba hablar más de la cuenta y no sabía cuántos oídos podría haber por ahí escondidos o detrás de las maderas que los resguardaban de los ojos curiosos—...Pero, ya sabes... antes tengo que conseguir un nuevo heredero.
—¿No me estarás sugiriendo que yo...? —preguntó Rüdiguer, asqueado ante la idea.
—No, ¡por Dios! —Lo interrumpió ella también asqueada—. Los hijos entre parientes salen subnormales, ¡Y eso es lo último que me faltaba! Solo digo que me estoy cansando de esperar, ¡caramba! —dijo la vieja, un poco irritada de no ser comprendida—. El idiota este no duerme casi nunca en casa, y cuando viene ya ves lo que hace, tirarse a alguna camarera y darle una paliza a tu prima. ¡Así nunca engendrará un hijo a no ser que baje el mismísimo espíritu santo!
—Bueno, y ¿Por qué bajas hasta aquí para contarme todo esto? ¿Qué pinto yo? —preguntó, un tanto intrigado por la charla.
—Tendremos que embarazarla por él —dijo tajante—. Sé que te juntas mucho con el jardinero, ese rubio y joven, que está fuerte y de buen ver... aunque sea un crío. Los espermatozoides de los adolescentes tienen mejor puntería.
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ETHEL, El heredero.
Fiksi RemajaRüdiguer es reclamado por su abuela como heredero de un condado que detesta, pues será la diana humana de los enemigos de su familia, que ya se han cargado a todos sus antecesores. Así que tratará de hacer todo lo posible, por las buenas o por las m...
