41. El Frustrado asesino.

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Según caminaba, las ideas se agolpaban en su mente. Decidió no entrar por la puerta porque era demasiado previsible y podría encontrarse con alguien del servicio, muy madrugador, que lo delatara. Así que, salió fuera por las enormes puertas, abriéndolas apenas medio metro por donde poder colarse, y se deslizó silenciosamente, pegado a la pared de la derecha, para eludir a las cámaras de seguridad instaladas en la puerta principal, pisando el bordillo de lo que antes era un foso y que ahora se había convertido en jardín, hasta llegar a la pared del hexágono que correspondía a la habitación de Eleonor.

Trepó por uno de aquellos pilares que remataban las esquinas, decorado conformas florales proporcionándole buenos asideros para sus dedos flacos, aunque doloridos de tanto excavar a palo seco, y llegó hasta el segundo piso en un plis plas, donde estaban todas las habitaciones.

Sabía que la ventana de la apacible Eleonor era la más próxima a la esquina, y que se abriría fácilmente puesto que no eran correderas,bastaba un pequeño empujón y los ganchos saltaban solos. Pegó un empujoncito suave en el marco de la ventana y esta se abrió enseguida sin apenas hacer ruido.

Tras estudiar la oscuridad de la habitación, se coló dentro de un salto.Gracias a su extraña afición de apoderarse de lo ajeno, había aprendido a andar con sigilo y era muy bueno en eso. La habitación era grande y excesivamente amueblada con mesitas auxiliares, sofás y sillones innecesarios. La cama estaba al fondo y se dirigió hacia ella sin dar más rodeos. Tenía doseles y cortinas como si fuera de princesas, que le impedían ver a la bella durmiente. Cuando llegó hasta allí descubrió que no había nadie en la cama. Estaba deshecha pero vacía. De la puerta del baño, contigua a la cama, tampoco salía luz alguna que le indicara que se había levantado a mear.

Entonces notó un golpe seco en la cabeza que lo hizo tambalearse y perdió la visión por unos instantes, pero no fue suficiente para hacerlo caer. Se giró aturdido, protegiéndose la cabeza con los brazos y alejándose de la fuente del golpe. Allí estaba ella, con el camisón puesto y la lámpara de la mesita de noche en las manos, con los brazos levantados dispuesta a darle otro mamporrazo. Su cara era puro horror. Como si hubiera visto un fantasma. Tal vez no contaba con que escaparía de su encierro. Sin más consideraciones se tiró encima de ella y la desarmó enseguida, la tumbó en el suelo, inmovilizándole brazos y piernas. Eleonor, presa del pánico se puso a chillar como loca y tuvo que taparle la boca con la mano. Estiró el otro brazo para alcanzar el almohadón, pero apenas llegaba. Le costó bastante arañar con los dedos el almohadón de la cama para atraerlo hacia él y poder agarrarlo mientras mantenía a Eleonor inmovilizada y poniendo bastante resistencia. Él estaba agotado de haberse pasado la noche entera cavando, y ella era bastante corpulenta. Aquel forcejeo tendría que acabar pronto si quería salir airoso de allí.

Pero una vez con el almohadón en su poder, se lo puso en la cara, como había planeado. Sin piedad, disfrutando de la cara que ponía ella,de puro terror, con los ojos desorbitados y mirándolo como si no lo conociese. Se lo tenía bien merecido. Pero él no era un asesino y no quería matarla, así que aguantó hasta que notó que los forcejeos cedían y los gritos callaban. Se trataba de darle un buen susto, un susto de muerte. Pero no la quería matar, y no era precisamente porque no tuviera ganas...

—¿Qué? Parece que te cuesta respirar, prima —susurró con tono burlón,pero sin apartar el almohadón de su cara todavía—. ¡Uy! Pobrecita, ¿Te estás quedando sin oxígeno? ¿Ya no te llega al cerebro?

Por miedo a pasarse de la raya y cargársela sin querer, como ya no forcejeaba casi, decidió retirarlo un poco para que pudiera tomar aire. Eleonor abrió la boca como si todo el aire no fuera suficiente. La dejó que respirara un par de veces, pero enseguida se la volvió a tapar con el almohadón, para que no gritara, dejándole respirar por la nariz. Ella seguía mirándolo con los ojos desorbitados y él disfrutaba con esa mirada.

ETHEL, El heredero.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora