Jungkook tuvo que cerrar el grifo de su lavamanos para observar con cuidado las pequeñas marcas que comenzaban a mostrarse en las palmas de sus manos.
Frunció el ceño y ladeó la cabeza.
Tenía pequeñas cortadas, y la piel de sus dedos ligeramente agrietada e irritada.
¿Qué rayos? ¿Estaba lastimado? No recordaba haberse cortado o golpeado con algo.
Se incorporó, intentando pensar que quizá se había lastimado sin querer y le restó importancia. Secó con cuidado sus manos y observó el reloj de su muñeca.
Cinco minutos exactos. Ya había terminado de lavar sus manos.
Salió del cuarto de baño, y observó como en el pequeño ventanal de su sala de estar la luna se volvía la protagonista del cielo nocturno.
Al día siguiente comenzaba una nueva semana. Cuando Jungkook era joven, solía estresarse y amargarse los domingos, pero ahora que tenía un trabajo agradable y todas las cosas funcionaban a su deseo, no sentía ningún cargo o sentimiento negativo.
No se arrepentía en lo más mínimo de la forma en la que era su vida. Incluso aunque a veces se preguntara por la madre que había dejado atrás.
Respiró profundo observando con cuidado su casa: sus sofás negros se veían perfectamente limpios, su alfombra se veía esponjosa por la forma cuidadosa en la que la aspiraba y limpiaba, todos sus estantes y mesitas estaban sin una pizca de polvo y su pequeño comedor estaba impecable.
No podía evitar sentirse en paz al percibir todo el orden. Siempre se esforzaba en que todo fuera así, y aunque se frustrara puertas a fuera con las agitaciones ajenas, éste era su refugio.
Era solo suyo, y tenía el pleno control de él. Y eso era consuelo suficiente con las cosas que no podía manejar.
Dando un último vistazo, se dirigió a su cocina para hacer la cena. Revisó su móvil antes de ponerse en marcha, ya que habían algunos mensajes de Jimin y familiares lejanos que buscaban su contacto, y se enfocó en cocinar.
No era exactamente hábil en la cocina, no se consideraba bueno. Había aprendido a las malas a hacer algo decente y comestible. Al estar completamente solo, no le había quedado opción, ya que no podía vivir solo del ramen instantáneo (y lo había intentado).
Se sentó a comer su plato de Bibimbap y puso algo de música para llenar el vacío.
Sí que había sido una semana larga. El trabajo, los qué-haceres, y las responsabilidades se llevaban lo mejor de él. Pero bueno, no podía quejarse como si no hubiera obtenido un descanso, había ido con frecuencia al café e incluso hace dos días, el viernes, había ido a un club.
Comenzó a masticar un poco más lento, sin dejar de divagar.
Habían pasado muchas cosas aquel día. La "guerra" que libraba contra aquel hombre de cabello hasta los hombros se había ido a otro nivel. Jungkook, para sacarle la paciencia, había sacado a su amiga a bailar, momento en el que había decidido embriagarse.
Jungkook había ingeniado un plan. El cual se había arruinado completamente. Le había seguido cuando el castaño había intentando irse, habían tenido una breve y para nada amable conversación, y luego ellos...
Soltó de golpe los palillos, que golpearon la mesa. Se tomó con fuerza del cabello y suspiró con quizá demasiada fuerza.
Aquello lo había estado atormentando.
Cerró y apretó los ojos, obligándose a alejar los recuerdos de su cabeza. Estaba jodidamente enfadado e incómodo ahora, y no podía arruinar su cena o luego le dolería el estómago.
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Control «KookTae» ©
FanfictionEn medio de la preponderancia y el saudade, Jeon Jungkook y Kim Taehyung se conocen. Si el dicho dice que los opuestos se atraen, en definitiva no aplica con ellos, y trae, como consecuencia, un enfrentamiento que sin fundamento los involucrará en u...
