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Y sé que nunca he sido bueno en esto del amor.

Y sé que nunca he sido bueno en hablar de mí.

Pero, oh, bebé...

Si fueras música...

Yo bailaría.

Jeon Jungkook enfocó entonces su mirada en el cristal de vaso contenido por vodka con jugo de naranja, y lo balanceó contra su mano viendo el hielo chocar contra las delgadas paredes. En aquella noche de víspera de año nuevo, no se sentía lo suficientemente borracho para recibir el año que se acercaba.

Se llevó el vaso hacia los labios y bebió, hasta que terminó toda la bebida. El licor dejó su garganta acalorada, y depositó el objeto sobre el escritorio de alguno de los publicistas de su empresa para luego darse la vuelta y observar a sus compañeros de trabajo y demás empleados bailar, conversar, beber y reírse, totalmente ajenos a la canción que sonaba de fondo, de ritmo tranquilo y animado.

Y de letra jodidamente triste.

Al menos para él.

Y al parecer, sólo para él.

Y sé que nunca he pedido que te quedes.

Y sé que dejo tus dudas inconclusas.

Pero, oh, bebé...

Si fueras música...

Yo bailaría.

Respiró profundo buscando alguna cara conocida para distraerse del ardor que sintió en su pecho.

El ardor impalpable, que había estado ignorando todo el día.

Acompañado de algo pesado que había decidido instalarse en su corazón -roto- de forma indefinida y que lo hacía sentir cansado, aunque ciertamente, durmiera lo suficiente.

Centró entonces la vista en otro hombre que, recostado contra una ventana abierta texteaba en su móvil mientras sonreía. Park Jimin, iluminado por la luz del sol a través de la luna y las farolas de la calle, sintió su corazón cálido por los mensajes de su casi novio Jung Hoseok, -el cual estaba en eso de "pensar" si decidiría comenzar algo con él o no por sus crueles y fuertes inseguridades que lo habían encerrado en una zona de confort por años- ajeno por completo al dueño del corazón frío del dolor que lo miraba del otro lado de la habitación. Rió por la dulzura del castaño receptor de sus halagos tras la pantalla.

Y Jungkook, sin parar de observarle, se preguntó cómo había logrado Jimin dejar fluir sus sentimientos lo suficiente para estar de esa forma ahora. Esta cosa que tenían el mencionado y Hoseok no era un secreto para él, pero ciertamente, se había vuelto un enigma en su congestionada cabeza.

Se llevó el vaso a los labios de nuevo, y dejó pasar un par de hielos a su boca para masticarlos.

¿Cómo lo habían logrado, esos dos?

¿Cómo era que ahora, como flores escondidas, florecían contra el otro?

Bajó la mirada.

¿Estaban enamorados?

¿Peleaban? ¿Se enojaban?

¿Se decían cosas... hirientes?

Un par de ojos almendros encharcados en lágrimas se instalaron en su memoria, provocando que en su estómago una fuerte angustia le presionara la base, impulsándolo hacia el suelo o algún lugar donde pudiera recostarse. Cerró y apretó los suyos propios para que la angustia, como si fueran náuseas, no enviara lagrimas con las cuales no podría lidiar sin sentir que iba a quebrarse de nuevo.

Control «KookTae» ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora