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Con las piernas cansadas, Jeon Jungkook deambuló sin consciencia por las calles de Seúl. El frío de la noche le tenía el cuerpo algo entumido, y el ritmo de su respiración era algo inconstante y pausado. Su corazón yacía un poco más calmado a comparación del enredo ansioso que había sido en la oficina después de haber recibido aquella noticia ya que caminar siempre lo había ayudado a despejarse, pero su cabeza seguía algo inquieta y distraída.

Aceptaba que había perdido un poco los estribos hace un rato, más por el hecho de que las cosas no hubieran salido como quería que cualquier otra cosa. Odiaba cuando le arrebataban el control y las decisiones, pero si lo pensaba con cuidado y cabeza fría, no tenía caso seguir prestando tanta atención a todo eso. Si el castaño, después de acceder y darle permiso para atacar y jugar con su cuerpo había decidido retractarse; no podía hacer nada además de aceptarlo.

Pero justamente aceptarlo era lo difícil. Mientras su parte racional intentaba convencerse de que tenía que actuar como un adulto y asumirlo, la parte obstinada gritaba con fuerza que las cosas no podían ser así.

¿Por qué?

Él no era ciego o estúpido, él había visto el alcance de sus acciones en el chico. Además del precioso control que lograba ejercerle, el chico parecía completamente embelesado y encantado cuando lo trataba con dureza y predominancia. A Taehyung le gustaba, y le llevaba a un estado que aunque no entendía, se sentía bien de provocar.

Entonces, si le gustaba, ¿por qué se detenía solo por aquella estúpida mordida en su mejilla?

Podía jurar que si lo buscaba y provocaba un poco, él volvería a acceder. Ya había identificado algunos puntos débiles y no dudaba de su funcionamiento.

Pero, joder, el chico había insistido en que se mantuviera lejos, aún así fuera por aquel tonto error. Tenía que ser maduro y dejarlo ir para dejar de afectarse tontamente, no había sido nada importante desde el principio. Solo una molestia, un problema, una piedra en su zapato.

Entonces, si era así, ¿por qué sus piernas caminaban hacia cierto edificio en el que vivía el tan molesto y mencionado joven?

Detuvo su caminata de golpe, y entonces miró a su alrededor alarmado, intentando orientarse e identificar en dónde rayos estaba. Se pasó las manos por el rostro e intentó normalizar su respiración.

Que alguien le abofeteara. ¿En realidad estaba a una escasa calle de aquel edifico en el que recordaba haber pasado la primera noche con Taehyung? ¿En realidad había cruzado varios vecindarios desde el centro de la ciudad donde estaba la editorial, hasta llegar allí? ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿En dónde había estado su cabeza todo el camino para no notar a dónde se dirigía?

Tragó saliva, sin dejar de mirar hasta el fondo de la calle, en la que casi se distinguía el edificio.

Tenía que estar jodidamente loco. Él no iba a hacer algo como... ir a por él, ¿verdad?

No, no. Que locura.

Parpadeó un par de veces, algo atontado y confrontado por lo que hacía y pensaba. Un extraño peso se formó en su estómago, y con las manos se tocó el abdomen intentando decidir qué hacer ahora. No podía ir a su casa y enfrentarlo, ¿o sí? ¿no era demasiado? Exhaló con fuerza y bajó la mirada.

No, él no iba a doblegarse por algo así. Lo había intentado lo suficiente, si el tonto e insolente hombre se negaba, él no iba a rogar. Jamás iba a darle ese lujo. Ya suficiente le había conmocionado.

No debía olvidarlo, Taehyung ni siquiera le caía bien. Era suficiente para largarse.

Dio vuelta entonces sobre sus talones y comenzó a alejarse. El viento helado le golpeó el cuerpo por sobre su ropa, provocándole un escalofrío que le recorrió la espalda. Caminó rápido para calmar la repentina desesperación que alejarse le hacía sentir, y subió la mirada con la urgencia de observar las estrellas y distraerse; pero en el cielo solo habían nubes acumuladas.

Control «KookTae» ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora