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Kim Taehyung depositó con cuidado a su gatita Frida sobre una de las camitas felpudas que tenía en su departamento. La felina, aún con los efectos del sedantes presentes en su organismo, dejó caer la cabecita sobre la palma de la mano de Taehyung cuando éste le acarició levemente su mentón. Se veía cansada, y probablemente, había pasado por mucho dolor y desesperación al perderse en la gran ciudad que era Seúl.

El castaño suspiró a sus adentros, pasando a acariciar la frente de Frida con su mano libre, agradeciendo una vez más internamente porque la pequeña siguiera con él. Había estado realmente cerca de perderla.

Así que cuando cayó dormida, quitó su mano con suavidad para no interrumpir luego su sueño, y se incorporó lento intentando no hacer mucho ruido. Merecía descansar. Ya estaba en casa. Ya estaba segura.

Al levantarse y darse la vuelta, se encontró con una Ha Neul de ojitos hinchados por el llanto y mejillas tan rojas como tomates, sentada en su sofá. Un peso de culpa se hizo en su estómago mientras se acercaba a ella. Él era el responsable de su llanto esta vez, y aquello no podía hacerlo sentir peor.

Porque después de encontrarla en la entrada de su lugar había sucumbido a su angustiante presión y le había contado todo lo que había pasado. Todo, todo. Y ella, enterándose de la situación y lo que Taehyung había tenido que enfrentar las últimas semanas, no había logrado evitar que las lágrimas salieran.

O que su corazón, enfadado consigo misma por todos los prejuicios que había considerado antes por su desaparición -como lo eran, una desaparición forzada, rebeldía, o incluso la muerte- ahora latiera dolorosamente golpeando su pecho en un intento de acusarla.

Porque, ¿Cómo era que se había perdido de tanto? ¿Cuándo habían surgido todos esos problemas? ¿Todo se había desatado por aquella noticia que había visto hace semanas sobre el incendio de la cafetería?

No, según lo que había oído de Taehyung sobre su amigo Yoongi, todo había surgido antes. Mucho más antes. Y se había acumulado al punto de sumergir a todos sus implicados en un gran y enredado desastre.

Intentó confortarse recordándose que todo había acabado. El hombre malo estaba en prisión. Ya todo estaba bien.

O bueno...

A excepción del desempleo de Taehyung.

El desempleo que prontamente lo dejaría sin casa, también, en un par de semanas.

Habían sido demasiadas malas noticias por recibir. Y la cabeza de la pelirroja solo maquinaba ahora pensando en cómo rayos ayudar a su mejor amigo.

Tenía que buscar la forma. Todas las formas con las que no había logrado ayudar antes.

Sorbió por su nariz cuando Taehyung, echándole un vistazo al apartamento que estaba dejando de ser suyo -empolvado un poco por su ausencia- se sentó a su lado y le tomó de la mano con suavidad. Lo miró, entonces, intentando desvanecer la lástima que emanaba su corazón hacia él para que sus ojos no lo reflejaran. Sabía lo orgulloso que era Taehyung, así que no querría enfadarlo si lo notaba.

Quería hacerlo sentir bien ahora.

Se lo merecía.

―Oye... ―musitó él, esbozando una leve y cálida sonrisa. Fue entonces, también, que la chica notó que su cabello había crecido y le llegaba un poco más abajo de los hombros― No estés triste, ya todo se ha solucionado.

Ha Neul, con un nudo formándose en su garganta, asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa apagada y débil.

Era verdad, tenía que calmarse. Quería estar bien por él. Al menos nada había ido a mayores. Taehyung estaba saludable y tranquilo. De alguna forma había estado seguro con ese hombre, Jungkook, aunque no lo conociera por más de lo que recordaba de él hace unos meses. Taehyung estaba saludable, y tranquilo.

Control «KookTae» ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora