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[Dos años después]

—Salta para mí, precioso.

Jeon Jungkook recibió un gemido agudo y desgarrado como respuesta. Su colega, y ahora follamigo, Kim Young Soo, tuvo que apoyarse en sus muslos para proceder a acomodarse y obedecer. Su piel blanca y porcelana, contrastada por su cabello azabache (originalmente rojo, pero teñido) estaba bañada por una delgada capa de sudor que le hacía relucir. Más que nada, aquel joven médico de Daegu, colega de Jungkook, amaba los fines de semana en los que se veían. Joder, que el hombre sabía hacerlo sentir bien.

No estaba contando las semanas de forma sagrada, ni nada por el estilo, pero tenía la fortuna de ser bien follado por el pelinegro hacían al menos, ¿2 meses?

Los mejores dos meses que había tenido en su vida, creía.

Se dejó caer en el miembro lubricado del hombre, embelesado de sensaciones, y gimiendo gracias a eso. Jungkook, recostado en su cama, le tomó las caderas cuando entró por completo, gruñendo maldiciones entre dientes. Sus ojos, mirándole por momentos para cerrarse después, se veían tan oscuros como los de un animal. Su mandíbula estaba apretada, y sus labios carnosos húmedos y enrojecidos por los besos que habían compartido una hora antes. Dios, mirar a Jungkook era como admirar a un adonis.

Aquello hizo que su excitación aumentara. Entonces comenzó a moverse, y montarlo gustoso, con su punto dulce completamente presionado con cada embestida. Se dejó guiar un rato por los movimientos de Jungkook y la presión en sus caderas, y gimió casi con alegría, con una pequeña sonrisa escapándose de sus labios delgados.

Aumentó la rapidez, queriendo más, queriéndolo todo. Jungkook le había dicho desde el inicio de aquel acuerdo que no iban a tener ninguna formalidad, que solo se encontrarían para sexo. Pero maldición, le era en extremo imposible no imaginarlo: teniendo acceso a su sensual cuerpo todas las mañanas, que fuera suyo por completo. Fantasías hermosas. Pero de nuevo, imposibles.

Porque el carácter de Jeon Jungkook era tan rígido como una roca. Si era blanco, era blanco. Si era negro, negro se quedaba.

Así que no valía la pena aferrarse. Volvió a gemir.

Sólo se concentró en saciarse, entonces.

Las estocadas rápidas y bruscas crearon sonidos secos de fricción en la habitación. Los gemidos de ambos se mezclaron, y los llevó al climax.

Aunque no juntos.

El orgasmo golpeó primero a Young Soo, que lo hizo tensar todo el cuerpo y temblar mientras depositaba su esencia en el abdomen de Jungkook. Soltó un gemido lastimero, deteniéndose por completo, y sintiendo cada extremo en él tornarse hipersensible.

Jeon Jungkook, entonces bajo él, acostumbrado a aquella reacción (Young Soo solía correrse primero), esperó pacientemente a que se recuperara un poco, y se incorporó un poco para levantarlo. Sin embargo, la desconsideración no hacía parte del corazón del chico, que ahora un poco mejor pero algo atontado por la réplicas, se removió hasta que Jungkook saliera de él, y apoyándose de nuevo en sus muslos se acomodó entre sus piernas. Con la respiración agitada y las mejillas tan rojas como tomates, quitó con rapidez el preservativo del miembro del pelinegro, y después de lanzarlo al suelo —gesto que cierta persona aún no soportaba del todo. Igualmente Young Soo limpiaba cuando tenía que limpiar— se inclinó y lamió de su virilidad, estableciendo un ritmo para eso y procediendo a chupar.

Jungkook le tomó del cabello con la "amabilidad" que siempre le caracterizaba, y gimió en jadeos sintiendo aquella asombrosa boca —tenía que reconocerlo— mimar su palpitante erección. Queriendo llegar de una vez, guió los movimientos de su cabeza, demandante, reprimiendo las ganas de dejar fija su cabeza para simplemente follarle la boca. (Young Soo no lo soportaba) Y gruñó sintiéndose cerca por fin. Le hizo chupar más rápido y un poco más profundo, y tensando todo su cuerpo, alejó la boca del chico de golpe para correrse en su rostro.

Control «KookTae» ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora