Una corriente de sentimientos le atravesó el pecho a Taehyung, mientras miraba a Jungkook sostener su rostro con las manos, pidiendo aquello que en aquel momento más miedo le daba. La habitación se sumió en silencio. Los ojos avellanas del castaño quedaron atrapados en los chocolate del pelinegro.
Su cabeza se congestionó de ideas, atontadas naturalmente por la cercanía de Jungkook, por la sinceridad atravesando las palabras que escuchaba, por el calor abrumador que soltaba por las manos cuando hace poco las había tenido heladas, por la incredulidad que lanzaba su razón a su discurso.
Porque Jungkook había accedido a ayudarle. Lo cual, en equivalencia, era como tomar parte del peso de los hombros que lo hundía para cargarlo y soportarlo con él.
Se mareó un poco. El mundo, solo, iba a una frecuencia mayor a la que podía soportar coherente.
Y quedó suspendido en la duda que había cavado en su cabeza. El último mes y medio, en el que el hombre se había dedicado a maltratar su cuerpo a través de lo que ambos disfrutaban, no había sido más que contacto físico, y conversaciones en la mayoría vacías.
¿Y ahora encontraba un apoyo en él? ¿Por qué sonaba tan poco convincente? ¿Por qué daba tanto miedo?
Tragó saliva, intentando sopesar todo de la mejor manera. Ser maduro y poner atención. Jungkook quería ayudarle. ¿Tenía opción, ahora? ¿Podía darse el lujo de contemplar tan a fondo las posibilidades? Solo tenía, de alguna manera, que detener esto antes de se agravara.
Porque Yoongi estaba en riesgo. No importaba tanto su amenaza si lo veía de aquel modo.
Pero... ¿cuál era el plan del que hablaba Jungkook, de nuevo?
―¿Aceptas? ―preguntó Jungkook, musitando, aún sin retirar las manos, mirándolo perderse en sus pensamientos sin despegar la vista de él―. ¿Aceptas ser parte del plan? ¿Aceptas volverte fuerte para hacerlo?
Pensó entonces en lo mal que lo había pasado, en el miedo, en el pánico que en forma de soledad le había atacado, en la paranoia que fabricaba su cabeza, en sus heridas, en lo mucho que dolía sentirse responsable de que todo aquello pasara, en todo el posible daño que podría hacerle Ji Taehyung. Pensó también en los brazos de Jungkook sosteniendo su desastre lloroso de aquella noche.
Soltó el aire que no sabía que retenía, de una forma entrecortada. Sintió sus ojos aguarse, recordando fugazmente el café desvaneciéndose en cenizas, aquella maldita nota que había encontrado en la primera mesa, el llanto que tanto reprimía Yoongi por teléfono.
Quería hacer algo.
Las cosas, simplemente, no podían quedarse así.
Pero, ¿podía más su convicción por encima del miedo que parecía ser más fuerte al pasar del tiempo?
Logró salir de su cabeza cuando las manos de Jungkook se apartaron de sus mejillas. Algo frío y desagradable le subió por la garganta cuando se alejó.
Entonces fue que notó que había estado en silencio todo ese rato. Y que, obviamente, Jungkook se había quedado esperando una respuesta.
Pero, ¿Cómo podía él responder algo si su corazón no dejaba de latir inseguro?
Jungkook lo miró, en silencio, y manteniendo el misterio de su mirada se volvió hacia la isla para tomar la taza de café que estaba a punto de terminar y la bebió, sintiendo la vista de Taehyung aún encima. Se permitió concentrarse en el sabor del café, y en la precisión de las proporciones en cada uno de los ingredientes haciendo así de aquella bebida su café apropiado, y aquello le recordó todo lo que había pasado para llegar hasta aquel punto.
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Control «KookTae» ©
FanfictionEn medio de la preponderancia y el saudade, Jeon Jungkook y Kim Taehyung se conocen. Si el dicho dice que los opuestos se atraen, en definitiva no aplica con ellos, y trae, como consecuencia, un enfrentamiento que sin fundamento los involucrará en u...
