Cerró los ojos, sintiendo pequeñas gotitas de un líquido espeso ser repartidas en sus párpados y bajo sus cejas. Empuñó las manos a sus costados, y se decidió en quedarse muy quieto, fingiendo -más por cortesía y para hacer sentir al contrario cómodo- que no percibía el temblor de sus manos al tocarle.
Sintió respirar a Jimin tras suyo, y apretó las manos más fuerte.
Esto de estar en medio de dos personas, cual jamón en un sándwich, podía sentirse de muchas maneras menos de una forma cómoda. El aire se volvía pesado, y su espacio personal parecía desafiar sus propios límites.
Quería espacio. Sí.
Pero no quería ser un amargado.
No tenía las fuerzas, o la convicción mental suficiente para serlo.
―Hoseok dice que abras los ojos y mires hacia arriba― dijo Jimin, tras él, en un tono suave. Jeon Jungkook, enseñándose a sí mismo silenciosamente sobre auto control, levantó los párpados sintiéndose frío por el contacto del ambiente con su piel húmeda de aquel producto.
Jung Hoseok, con los labios apretados y la mirada baja, esperó pacientemente a que Jungkook obedeciera y mirara hacia arriba para proceder con su trabajo. Sí, había sido extraño que esa mañana, su novio -aún no se acostumbraba a llamarlo así- Park Jimin le hubiera pedido el favor de ir hasta el apartamento de su Sunbae y amigo Jeon Jungkook, siendo específico en el hecho de que llevara su maquillaje. El castaño no entendió porqué Jimin le había pedido aquello, ya que si algo planeaban hacer con su maquillaje no podría ir más allá de cubrir imperfecciones -para eso lo había comprado- pero en el instante que había cruzado el umbral de la puerta del pelinegro y había fijado brevemente la vista en él, lo había comprendido.
Y joder, que estaba dispuesto a ayudar.
Porque aquel rostro demacrado, ojeroso, y lastimado en los pómulos por limpiarse las lágrimas con demasiada fuerza -incluso podía ver pequeños hematomas y vasos de sangre que se habían estallado bajo sus ojos- no pertenecía en lo absoluto a su Sunbae.
No. Jeon Jungkook había tenido siempre una apariencia fuerte y saludable. Sabía que se alimentaba bien por el brillo de su piel y lo cuidadoso que era con su apariencia. Así que, ¿esto? debía arreglarse. No le importaba no conocer la razón -Jimin le había dicho con un corto beso en su mejilla que después le explicaría, igualmente- y si podía aportar en algo, sí que lo haría.
Sin embargo, confiado y concentrado en su trabajo, después de aplicar otro par de gotitas de base líquida en la pequeña almohadilla para difuminar, levantó la mirada hasta el hombre que, de forma traviesa y curiosa, en vez de mirar arriba, lo miraba a él.
Aquellos tres segundos en los que sus miradas se encontraron fueron suficientes para hacer sus manos temblar el doble y poner sus mejillas tan rojas como un par de tomates maduros.
Y Jungkook, viendo cómo Hoseok apartaba la mirada rápidamente de él y hacía algo de distancia, salió del trance en el que se había metido, sintiendo su corazón brincar.
Oh, no.
Él se había distraído un par de segundos preguntándose si aquel extraño dúo de chicos podrían ser llamados sus amigos, ya que uno de ellos había sostenido su corazón cuando ése había querido romperse por completo y el otro estaba cubriendo su rostro herido y cansado para que saliera con confianza a la calle -tenía un compromiso al cuál se había prometido, y le había prometido a Jimin que no iba a faltar. Así que se había quedado divagando, sin dejar de mirar al pobre Hoseokie, olvidando lo susceptible que era.
Ahora, parpadeando con rapidez y tornando su expresión a una de vergüenza, comenzó a tartamudear una disculpa.
Sin embargo, el que logró formular palabras más rápido, exclamó:
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Control «KookTae» ©
FanfictionEn medio de la preponderancia y el saudade, Jeon Jungkook y Kim Taehyung se conocen. Si el dicho dice que los opuestos se atraen, en definitiva no aplica con ellos, y trae, como consecuencia, un enfrentamiento que sin fundamento los involucrará en u...
