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Su corazón se aceleró como nunca lo había hecho.

Se palpó el pecho, intentando orientarse. Intentando, de alguna forma, aminorar el golpe de pánico que lo había dejado casi sin aire.

Sus músculos adormilados a penas si respondieron a los estímulos que su cuerpo recibía.

Sentado en la cama, arrugó con fuerza vaga las sábanas e intentó normalizar su respiración.

¿Era real?

¿Era real lo que sentía?

No podía estar pasando esto. Simplemente no podía estar sucediendo.

Era imposible.

Su garganta se hizo un nudo. Un nudo fuerte y doloroso que le hizo cerrar y apretar los ojos. No, no, no.

Esto no estaba pasando. Esto no estaba pasando. Por favor.

Sintió pesar en su pecho los recuerdos que, desorientados, parecieron sueños. Solo sueños. Jungkook. Jungkook en su galería, Jungkook diciéndolo que lo amaba, Jungkook abrazándolo, Jungkook tocándolo.

No había sido un sueño, ¿verdad?

¿Verdad?

Ignoró la pesadez generalizada por su cuerpo atrofiado por el sueño y se levantó, tambaleándose, débil y con su corazón frágil.

Tenía que estar allí. Él tenía que estarlo, ¿cómo todo podía resumirse a un patético sueño lúcido? No podía ser. No.

Toda aquella felicidad no había sido irreal. No.

Sollozó cuando sus pies tocaron el suelo frío, y corrió como pudo. Abrió la puerta del cuarto, y con la vista nubosa por las nuevas lágrimas obligó a su piernas a moverse.

La sala de estar le recibió igual que la noche anterior. Su poco desorden y la bolsa de comida de gatos en la barra seguían intactos. Lo único que se escuchó en medio de la sala fue su respiración agitada, haciendo en conjunto con el latir rápido de su corazón un eco que le aturdía.

El lugar estaba vacío.

No había rastro de Jungkook.

Su corazón se apretó.

—N-no...—musitó sin aliento, corriendo hasta el cuarto de baño, intentando revisar todos los rincones.

El baño estaba vacío.

Corrió hasta el otro extremo de la casa.

La cocina también lo estaba.

Volvió a la sala de estar con las mejillas húmedas, y una aguda angustia entumeciendo sus músculos. Dios mío. Oh dios mío.

No estaba. Él no estaba.

Sus manos agarraron sus hebras.

Había sido mentira. Por dios.

Había sido una cruel invención de su cabeza.

Sus pulmones ardieron, impidiéndole respirar. Joder. Joder.

Era horrible. Todo esto era horrible. Sollozó.

Tapó su boca, queriendo acallarse. Queriendo detener todo. Que todo parara.

No era posible. No era posible. No era posible.

Se mareó de golpe. Se sintió débil y a punto de desplomarse. No, por favor no, no.

Un maullido lejano se camufló entre sus lloriqueos. Se mordió con fuerza el labio intentando detenerse. Intentando parar aquel dolor que se expandía dentro.

Control «KookTae» ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora