Sacudió su cabello para que las motas de nieve cayeran de las hebras mientras subía las escaleras. Torció una de las comisuras de la boca al notar que sus botas de terciopelo se habían mojado más de lo que había provisto y bufó.
¿Por qué, a más de las diez de la mañana aún no habían apaleado la nieve de las aceras? Sus botas seguían prácticamente nuevas ―habían sido regalo de sus padres hace un par de semanas― y ahora estaban vueltas un desastre. Podía sentir incluso la humedad acercándose a sus pies.
Frunció los labios al llegar al piso, y, decidida a ignorar sus botas por un rato, metió las manos en su bolso para sacar las llaves del apartamento de su mejor amigo.
Que extraño, pensó, que no habían hablado desde su cumpleaños. No es que hubiera pasado tanto tiempo, pero, no había recibido su llamada usual en la víspera de año nuevo.
Taehyung siempre, desde que se conocían, le había deseado felices fiestas. Ya fuera navidad, año nuevo, año nuevo lunar, cumpleaños, pascua, y cualquier otra cosa. Se había vuelto costumbre suya esperar su llamada, y sin embargo, a penas sí se percataba de aquello.
Se mordió ambos labios. Era raro, sí. Pero, ¿importaba, realmente? Quizá empacando todo lo del apartamento ―para mudarse, ya que el contrato de arrendamiento vencía el día siguiente― se le había olvidado. No había ningún problema con eso.
Solo que ella no sabía, claro estaba.
No sabía de lo que había sido de Taehyung desde el día de su cumpleaños, que lo había visto todo radiante y amable.
No sabía lo que le había ocurrido.
No sabía que empacar todas sus cosas, en efecto, había sido mucho más difícil sintiendo su corazón pesar en su pecho como si por músculo tuviera una gran bola de hierro.
No sabía, la pobre Lee Ha Neul, no podía dimensionar.
Pero pudo hacerse una vaga idea cuando abrió la puerta y dio unos pasos adentro.
Una, quizá, demasiado vaga al no poder verlo.
Cerró la puerta tras ella, quitándose los zapatos, observando las cajas de cartón reemplazando la mayoría de las cosas que antes habían hecho parte del lugar de Taehyung.
Dio un vistazo por todo el lugar, que solitario ―o al menos, silencioso― le dio la bienvenida.
Taehyung debía seguir dormido. Y con toda razón. El reloj, a penas, señalaba las ocho de la mañana.
Se quitó el abrigo y lo colgó en un perchero instalado en la pared junto a la puerta, y se volvió cruzando los brazos, percibiendo algo.
Pero algo, ¿qué?
Frunció sutilmente su ceño, entonces.
Todo parecía ir en orden, de acuerdo al plan que habían hecho ambos. Las cajas de cartón llenas de cosas estaban apiladas y cerradas ―de una manera bastante curiosa con la cinta en todos lados, cabía destacar, como posible obra del castaño― y todo parecía listo para llamar el auto de la mudanza y comenzar con todo.
Solo que un extraño presentimiento se había enredado en sus entrañas.
Y le decía que algo no estaba bien.
Caminó entonces por el lugar, buscando alimentar o, al menos fundamentar sus suposiciones. Observó por cada rincón de la sala, cruzando y esquivando las cajas, pendiente de cualquier anormalidad.
El primer indicio lo encontró cuando cruzó hacia la cocina.
Su ceño se reforzó.
Habían tazas. Tazas con manchas de café.
ESTÁS LEYENDO
Control «KookTae» ©
FanfictionEn medio de la preponderancia y el saudade, Jeon Jungkook y Kim Taehyung se conocen. Si el dicho dice que los opuestos se atraen, en definitiva no aplica con ellos, y trae, como consecuencia, un enfrentamiento que sin fundamento los involucrará en u...
