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―Seokjin...― murmuró Taehyung, con aires de delirio, envuelto y perdido en los brazos de un hombre que, lentamente, dejó de apretarlo contra él. Los primeros segundos fueron poco lúcidos y confusos, provocando que su subconsciente lo arrastrara de nuevo con Morfeo, pero fue traído de golpe a la tierra cuando su rostro tocó el edredón, y su piel, casi con violencia, se tornó fría.

Abrió sus ojos, pesados, con molestia naciente. Él había dormido realmente bien hasta ese momento, ¿qué ocurría?

Su mirada, en la mitad de la oscuridad cortada por su pequeña lámpara en su mesita de noche se aclaró con lentitud, mostrándole a penas formas y sombras a su cabeza.

Había una gran mancha moviéndose a su lado. Parpadeó con pereza, intentando comprender lo que sus sentido adormilados a penas si lograban percibir.

Escuchó entonces el sonido de un cinturón abrochándose, y una respiración agitada y entre cortada.

¿Qué...?

Las imágenes fueron claras cuando escuchó el primer sollozo. Su corazón se sobresaltó, comenzando a acelerarse y retumbar fuerte en su pecho.

¿Qué ocurre?

Levantó la cabeza y siguió con la mirada al hombre que se vestía a toda velocidad, con cada centímetro de su persona rígido y temblando.

Jeon Jungkook, con las rodillas a punto de fallarle, se puso su camiseta mordiendo con fuerza -demasiada fuerza- su labio inferior. Las corrientes de pensamientos en su cabeza lo marearon e hicieron que se tambaleara, pero se aferró a la cordura por la creciente necesidad de irse.

De salir de allí.

De alejarse de Taehyung.

Sintió el pulso en sus oídos, y la bilis subiendo y quemando su garganta. Intentó respirar profundo, negándose a sí mismo las emociones que sofocaban su pecho y removían con brusquedad su corazón. No, él no iba a romperse justo ahora, ¿o sí? ¿Justo en frente de Taehyung?

No, tenía que controlarse.

Tenía que, o realmente dejaría pasar el dolor que todo esto hacía crecer en su pecho y aquello tomaría posesión de su corazón.

Así que tenía que... él tenía que...

Sus ojos se aguaron.

Su cuerpo no escuchó.

Nunca escuchaba.

No con Taehyung.

Jodidamente quiso golpear algo.

―¿Jungkook? ―oyó entonces, tras él, con voz somnolienta, y su cabeza -traidora- pudo recrear la preciosa imagen de la que decidía perderse. Taehyung recostado, desnudo, con los ojos brillantes y sus mejillas sonrojadas. Tal y como siempre se veía después de tener sexo.

Retuvo la respiración cuando un apretón doloroso se hizo en su corazón. Sacudió la cabeza para alejar esa imagen, con el fuerte recuerdo vivo de lo que ahora hacía nudos sus entrañas.

Era tonto evadirlo...

Pero era lo único que le quedaba.

Para no hacer profunda la herida.

Para no sacar nuevas conclusiones.

Para dejar de martillarse en la cabeza que había sido un idiota.

Un grandísimo idiota.

Un idiota ignorante.

Un idiota obstinado.

Control «KookTae» ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora