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En el momento que Kim Taehyung, sentado en la sala de espera del consultorio de la Doctora Kang, vio la puerta abrirse descubriendo una melena azabache inconfundible, entre ojos perplejos, solo pudo reír.

Y Jeon Jungkook, terminando su sesión con los hombros livianos después de dejar a su doctora tan pasmada como nunca por la historia que se le había acabado de contar, la historia suya con el castaño, solo fue capaz de sobresaltarse y, después de la impresión, sonrojarse con una sonrisa tímida.

Así que ambos habían ido a terapia, ¿no era así?

Se miraron fijo y profundo con una armonía imparable. Delicioso y dulce, que solo a ellos podía conectarlos en ese mundo tan vasto de posibilidades.

La vida estaba llena de coincidencias.

La vida había estado llena de coincidencias para ellos dos.

Coincidencias que ni siquiera la Doctora Kang había podido evitar.

Coincidencias que habían comenzado desde que una mudanza había puesto en su camino la vida de Kim Seokjin, y su muerte.

Coincidencias que habían transcurrido al conocerse en el café, y reecontrarse en la puerta de aquellos dos apartamentos vecinos.

Coincidencias que los habían hecho chocar incansablemente con el otro, y separado, y reunido. Tal como aquel día. Tal como encontrar sus ojos en un club de madrugada. O en una multitud de gente.

Y coincidencias que los llevaba al desenlace.

A la confusión.

Al dolor.

Pero a la verdad.

Porque era como si el universo decidiera juntarlos para afrontar las cosas juntos.

Porque era como si el universo hubiera pedido que entre ambos fueran su perdición y salvación.

Porque ahora, era imposible que esto estuviera sucediendo.

Que Taehyung al entrar la tarde se dirigiera hacia el apartamento de Jungkook.

Y que Jungkook, con cada centímetro de su ser encrispado, subiera las escaleras de aquel edificio hasta el quinto piso.

Coincidencias. Malditas coincidencias.

¿Qué tanto más los haría caer para revelarse?

Una canción cruzó las bocinas del taxi donde Taehyung iba.

Al reconocer la letra tal cual, recordaba entre sueños que Jungkook había cantado a su oído, sonrió amplio sintiendo su corazón cálido.

Y sé que nunca he pedido que te quedes.

Y sé que dejo tus dudas inconclusas.

Pero, oh, bebé...

Si fueras música...

—Yo bailaría...— musitó bajito el castaño, con una sonrisa enmarcando todo su rostro. De repente sintió unas terribles ganas de abrazar a Jungkook y vivir un par de horas así, sin soltarlo.

Se aseguraría de hacerlo.

Pero aquí estaban de nuevo las coincidencias, haciendo quizás más daños que remiendos. Haciendo en sus oídos la melodía liviana y distante, y su camino más corto.

Porque como orden divina había caído, al llegar a su destino, la primer gota de lluvia contra su cristal.

Y levantando la mirada hacia el cielo cuando el vehículo de detuvo, supo que había sido una trampa.

Una cruel trampa de las nubes que ahora sofocaban a su corazón.

Una cruel trampa que lo había llevado a ver a su amado, hacia aquel que su corazón protegía, en la peor de sus pesadillas.

Sintió que le faltaba el aire.

Sintió que iba a desplomarse y quebrarse.

Pero sobre todo, se sintió traicionado.

Traicionado por la crueldad de la vida.

Que lo hizo verlo, lejano e inalcanzable,

Sobre la corniza, en la azotea.

Que solo daba al vacío.

Control «KookTae» ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora