024

57.4K 7.3K 10.8K
                                        

Debajo del gran enredó de bufandas que era Kim Taehyung, se percibió un gruñido de enojo mientras subía las escaleras de ese edificio de cinco pisos.

Estaba harto, y mucho más que enfermo de esta situación. Bastante había sido solo lidiar con el ambiente extraño que comenzaba a crearse en el café, ¿Y ahora esto?

¿Otra vez?

El resto de su día había sido tremendamente estresante. Se odió mucho a sí mismo por haber dejado su collar a vista de Jungkook, o simplemente haberlo llevado ese día. Si tan solo hubiera recordado que lo traía puesto, lo hubiera guardado y dejado en casa.

Y claro, no pensó que el pequeño objeto resultara ser el causante de tanto problema.

Se sorbió la nariz, percibiendo ahora una ligera picazón el la garganta y un frío de mil demonios calarle los huesos. Maldición, ahora mismo deseaba más que nada estar en cama bebiendo algo caliente, no parado frente a una puerta con un 2A de metal en el centro superior y una desagradable presencia al cruzarla.

Se dio la vuelta levemente, y observó un momento la puerta del frente; la de Seokjin, y la imagen de su radiante sonrisa se instaló en su cabeza hasta que se obligó a concentrarse en lo que venía a hacer.

Luego suspiró y volvió a su posición inicial.

¿Quién diría que terminaría ahora tocando la otra puerta?

Definitivamente estaba perdiendo la cabeza. Quería apresurarse y solo hacer lo que tenía que hacer: recuperar su collar de Jungkook, maldecirlo un par de veces, y partir a casa a toda velocidad.

Se lo había dicho a sí mismo lo suficiente: tenía que permanecer lejos.

Porque jodidamente no sabía que pasaría con él si se acercaba.

Cerró y apretó los ojos sintiéndose débil y algo mareado por la enfermedad. Lo haría rápido, y no se dejaría distraer.

Sí. De esa forma lo haría.

Empuñó entonces la mano y con los nudillos golpeó la puerta.

Pasaron quince segundos antes de que el pelinegro abriera la puerta. Sí, los contó.

Y recibió al castaño con una expresión neutra, que no dejaba pasar nada de emoción por su rostro. Pasó sus ojos por todo su cuerpo, y se aclaró la garganta al ver el estado en el que se encontraba.

Se veía bastante enfermo. Tenía el cabello suelto y enmarañado sobre el abrigo grueso negro que llevaba encima, la piel pálida, los ojos algo llorosos y la punta de la nariz enrojecida.

—Entonces viniste. —fue lo primero que dijo, preguntándose, por encima de cualquier cosa, si podría lograr hacer algo con él estando enfermo. Taehyung entrecerró los ojos, como si fuera una reacción a sus pensamientos, y con las puntas de los dedos bajó un poco la bufanda roja que traía puesta.

—Dame mi collar. —espetó, impaciente, intentando no detallar demasiado sus brazos descubiertos gracias a la camisa manga corta y gris que llevaba encima.

El pelinegro alzó una de sus cejas, dando un vistazo a los labios rojizos que el chico acababa de dejar a su vista, y se mordió ambos labios emanando ahora diversión de su semblante.

El chico estaba enfermo. No podía pensar en besarlo ahora, podía contagiarlo. No quería ninguna trasmisión de virus.

Pero al repentina imagen mental del muchacho entreabriendo sus labios para darle paso a su lengua le hizo dudar.

Joder, aunque intentara ser decente, el haber tenido sexo con el muchacho había desatado demasiadas cosas en él. Demasiadas cosas incontrolables, que le sacaban de quicio ahora. Desde aquella experiencia, su mente parecía recorrer caminos por ella sola.

Control «KookTae» ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora