¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Encuentras la primera parte en el capítulo 10.
No prometo final feliz :)
.....
....
...
..
.
Desde el momento en que te conoció, Kenji Sato no pudo sacarte de su mente. Lo que comenzó como una admiración inocente, pronto se transformó en una obsesión peligrosa. Su amor por ti creció de una manera enfermiza, y la idea de no tenerte solo para él se volvió insoportable.
Una noche, después de un evento, Kenji te siguió hasta tu casa. Había planeado todo meticulosamente, y cuando finalmente tuvo la oportunidad, aprovechó. Te secuestró y te llevó a una casa aislada en las afueras de Tokio. Despertaste en una habitación lujosamente decorada, pero las ventanas estaban selladas y la puerta, cerrada con llave.
—Kenji, ¿qué está pasando? —preguntaste, aterrada y confundida.
—No podía soportar la idea de que estuvieras con alguien más —respondió él, su voz suave pero teñida de una peligrosa determinación—. Ahora estarás a salvo conmigo, donde nadie más pueda tocarte.
Al principio, intentaste resistirte, gritar, pedir ayuda. Pero Kenji era implacable. Te trataba con una mezcla de cariño obsesivo y control absoluto. Te traía tus comidas favoritas, te llenaba de regalos y flores, y te decía que lo hacía todo por amor. Con el tiempo, tu resistencia comenzó a desmoronarse. La soledad y el constante bombardeo de atención afectuosa hicieron que empezaras a depender de él.
Cada vez que intentabas escapar, Kenji te lo impedía, siempre con una sonrisa dulce que escondía su locura.
—No puedes irte —te decía—. Aquí estás segura, aquí te amo más que nadie jamás podría.
El síndrome de Estocolmo comenzó a apoderarse de ti. Poco a poco, empezaste a ver a Kenji no solo como tu captor, sino como alguien que te protegía del mundo exterior. Sus gestos amables, aunque retorcidos, se convirtieron en tu única fuente de consuelo. Te encontrabas sonriendo cuando él te acariciaba el cabello y susurraba palabras de amor.
Una noche, mientras cenaban juntos, Kenji te confesó algo que te heló la sangre.
—Hice algo por ti, por nosotros —dijo, tomando tu mano—. Alguien del equipo intentó encontrarte, así que tuve que detenerlo.
—¿Qué hiciste, Kenji? —preguntaste, el miedo regresando a tu voz.
—Lo eliminé —respondió con una calma perturbadora—. Ahora nadie intentará separarnos.
Te diste cuenta de que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para mantenerte a su lado. Pero en lugar de horrorizarte, una parte de ti sintió una retorcida gratitud. Habías llegado a depender tanto de Kenji que su amor enfermizo se había convertido en tu única realidad.
El tiempo pasó, y tu amor por Kenji, aunque forzado y manipulado, se volvió real en su propia manera distorsionada. Él era tu todo, tu protector y tu carcelero. Una noche, mientras te abrazaba en la cama, le susurraste:
—Te amo, Kenji.
Sus ojos se iluminaron con una alegría enfermiza. —Sabía que lo harías, tarde o temprano —dijo, besándote con pasión.
El final de tu historia no era feliz, pero era la única realidad que conocías. Kenji te había transformado, y ahora eras suya completamente. Vivías en una prisión de amor y locura, donde cada día se mezclaban el cariño y el miedo.
Y aunque el mundo exterior seguía girando, para ti solo existía Kenji Sato, tu amante y captor, el único hombre que había logrado convertir su obsesión en un amor que te consumía por completo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La personita que lo pidió, espero y te haya gustado.