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Tu marido se desmaya al verte entrar en parto.
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En la tranquila ciudad, T/N y Ken Sato vivían una vida feliz esperando la llegada de su primer hijo. Ken, una estrella del béisbol conocido por su calma en el campo, se transformaba en un esposo cariñoso y protector en casa. Desde que supo del embarazo, Ken no dejaba de estar atento a cada detalle, a veces incluso volviéndose un poco paranoico por cosas mínimas.
—T/N, ¿comiste tus vitaminas hoy? —preguntaba Ken por tercera vez esa mañana.
—Sí, Ken. Lo hice. Ya te lo dije —respondía T/N con una sonrisa, acostumbrada a su constante preocupación.
—¿Y la hidratación? ¿Estás bebiendo suficiente agua? —insistía, mientras llenaba otro vaso para ella.
T/N le daba un beso en la mejilla, agradecida por su atención aunque a veces excesiva.
Un día, estaban en la cocina preparando la cena juntos. Ken estaba cortando verduras mientras T/N mezclaba ingredientes en un bol.
—Ken, me siento un poco rara —dijo T/N de repente, deteniéndose en medio de la preparación.
Ken dejó el cuchillo de inmediato y se acercó a ella con preocupación en sus ojos.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien? —preguntó, casi en pánico.
Antes de que T/N pudiera responder, sintió un chorro de líquido caliente bajando por sus piernas.
—Creo que se me rompió la fuente —dijo, sorprendida.
Ken entró en modo de emergencia. Sin pensarlo dos veces, agarró el bolso del hospital que tenían preparado y ayudó a T/N a salir de la casa.
—¡Vamos al hospital! —gritó, tratando de mantener la calma mientras su mente corría a mil por hora.
El trayecto al hospital fue rápido y lleno de preguntas nerviosas por parte de Ken.
—¿Estás bien? ¿Te duele mucho? ¿Estás cómoda? —preguntaba mientras conducía lo más rápido que podía sin infringir las leyes de tránsito.
Al llegar al hospital, el personal los llevó rápidamente a la sala de partos. Ken, que siempre había sido fuerte y valiente, comenzaba a mostrar signos de nerviosismo extremo. Cuando finalmente empezó la labor de parto y vio la cantidad de sangre, su rostro se puso pálido.
—Ken, respira, estoy bien —dijo T/N, tratando de calmarlo entre contracciones.
Pero era demasiado para él. En un momento de pánico, Ken se desmayó al ver tanta sangre y el estrés de la situación.
Las enfermeras se apresuraron a atenderlo mientras continuaban ayudando a T/N con el parto. A pesar del caos, T/N se concentró en el proceso, confiando en que todo saldría bien.
Unas horas después, Ken despertó en una silla junto a la cama de T/N. A su lado, T/N sostenía a su recién nacido, con una sonrisa cansada pero llena de felicidad.
—Ken, mira, es nuestro bebé —dijo suavemente.
Ken parpadeó, tratando de recordar dónde estaba. Al ver a su esposa y a su hijo, se llenó de emoción y alivio.
T/N rió suavemente, acariciando la mejilla de Ken.
—Lo hiciste bien, Ken. Todo salió bien —aseguró.
Ken se acercó más, mirando al pequeño con adoración. A pesar de su desmayo y sus momentos de paranoia, su amor y dedicación a su familia eran inquebrantables.
En ese momento, toda la preocupación y el miedo desaparecieron, reemplazados por una felicidad pura y profunda. Ken, T/N y su nuevo bebé estaban juntos, listos para enfrentar cualquier cosa como una familia.
Y así, con risas y amor, comenzaron este nuevo capítulo de sus vidas, sabiendo que, a pesar de los desafíos y las sorpresas, siempre se tendrían el uno al otro.
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