T/N había trabajado para Ken Sato durante años, desde antes de que se convirtiera en una estrella del béisbol y en el héroe que todos conocían. Su rol como asistente era mucho más que simple logística; era su mano derecha, su equilibrio, y la única persona en la que confiaba plenamente para manejar todos los aspectos de su vida. Debido a la naturaleza demandante de su trabajo y a la conexión especial que compartían, T/N vivía en la casa de Ken, ocupando una habitación cercana a la suya para estar disponible en cualquier momento.
Ken, siendo un alfa, siempre había sido increíblemente respetuoso y considerado con T/N, una omega. A pesar de la atracción natural entre ellos debido a sus dinámicas, Ken siempre se aseguraba de que T/N se sintiera segura y cómoda. Cuando su celo se acercaba, él le daba al menos una semana de descanso, insistiendo en que se encerrara en su habitación con todos los inhibidores que necesitara para evitar cualquier accidente.
Durante esos días, T/N se aislaba, luchando contra la marea de sensaciones que la invadían. El ardor y la excitación eran difíciles de manejar, incluso con los inhibidores, pero lo hacía por profesionalismo y para evitar complicaciones con Ken. Se aseguraba de no cruzarse con él durante su celo, evitando cualquier situación que pudiera hacerlos vulnerables.
Cuando por fin terminó su celo, T/N se sintió exhausta pero aliviada. Se cambió y salió de su habitación, lista para retomar su trabajo. El día transcurrió como cualquier otro, con ella ocupándose de la agenda de Ken, organizando reuniones, y asegurándose de que todo estuviera en orden.
Al final del día, mientras revisaba mentalmente todo lo que había hecho, T/N comenzó a buscar la ropa que había usado durante su celo, con la intención de lavarla. Pero, después de revisar varias veces su habitación, se dio cuenta de que no la encontraba por ninguna parte. Se preguntó si la habría lavado ya y simplemente lo había olvidado, pero no pudo recordar haberlo hecho. La sensación de desconcierto se instaló en su mente, pero decidió no darle más vueltas, pensando que tal vez se le había pasado.
Por otro lado, en la habitación de Ken, las cosas eran muy diferentes. Estaba solo, sentado en el borde de su cama, sosteniendo la ropa que T/N había usado durante su celo. El aroma que quedaba impregnado en las prendas era una mezcla dulce y picante que lo hacía perder la razón. Su cuerpo reaccionaba instintivamente al olor, sus sentidos inundados por la necesidad.
Ken sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, que era algo que debía guardar como su más profundo y oscuro secreto. Pero no podía evitarlo. El simple hecho de tener algo tan íntimo de T/N en sus manos lo hacía babear, su piel se calentaba, y el deseo crecía dentro de él hasta el punto de que empezaba a entrar en celo.
Se mordió el labio, intentando contenerse, pero el aroma lo invadía, llenando cada rincón de su mente. Era su pequeño y sucio secreto, uno que estaba decidido a llevarse a la tumba. Nunca le diría a T/N lo que hacía cuando ella no estaba mirando, cómo cada vez que pasaba su celo, él recolectaba sus prendas para quedarse con ese pedazo de ella, para mantenerla cerca de una manera en la que nunca podría tenerla en la realidad.
Ken sabía que, como alfa, debería ser fuerte, controlado, pero cada vez que sentía ese aroma en su nariz, su autocontrol se desmoronaba. El deseo se convertía en una necesidad primordial, casi animal, y por más que intentara resistirse, siempre terminaba sucumbiendo.
Esa noche, mientras el aroma de T/N lo rodeaba, Ken se permitió unos momentos de debilidad, sabiendo que, al final, siempre tendría que volver a ser el hombre fuerte y respetuoso que ella conocía. Nunca se lo diría a T/N, nunca le dejaría ver esa parte de él que estaba tan desesperada por ella. Porque sabía que, si alguna vez lo descubriera, todo lo que habían construido juntos podría desmoronarse en un instante.
Y así, con el aroma de T/N invadiendo sus sentidos, Ken cayó en un sueño agitado, aferrándose a las prendas que había tomado como si fueran su único consuelo. Sabía que esto no podía durar para siempre, pero mientras pudiera mantenerlo en secreto, seguiría buscando esas pequeñas migajas de lo que nunca podría tener realmente.
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