Entendía por qué Leilani estaba aquí; la Cena de Menguante era un gran evento. Todos estaban organizando el salón con mesas y decoraciones plateadas. Se veía hermoso, como un cuento de hadas en tonos plateados.
Verusha se concentraba en dar órdenes mientras iba de un lado a otro, y las personas la obedecían sin rechistar. A pesar de lo cruel que era, me encantaba la seguridad con la que se movía por el lugar.
—Todo está perfecto —aseguró, revisando los últimos toques de las mesas—. Por cierto, tú no puedes ir —dijo mirándome con firmeza.
—¿Por qué? —pregunté, sin entender.
—Las extranjeras no están invitadas —afirmó con tono cortante.
—Lo entiendo —respondí mientras me retiraba.
Había querido ir, pero comprendía que el lugar tenía sus reglas. Así que terminé encerrándome en mi habitación. Pasé el tiempo viendo algunas fotos que había tomado del lugar con mi cámara.
Unos golpes en la puerta llamaron mi atención. Al abrir, encontré a Arman sonriéndome, recargado en el marco. Sin embargo, su sonrisa desapareció rápidamente mientras me examinaba con cautela.
—¿Por qué no estás lista? —me reclamó al entrar en mi habitación sin esperar respuesta.
—No voy a ir —respondí con disculpa, siguiéndolo.
—¿Por qué? —replicó, confundido.
—No estoy invitada —le aclaré con tono apenado.
—Claro que estás invitada, y vas a ir conmigo —aseguró con determinación mientras comenzaba a buscar en mi armario.
—¿Qué haces? —pregunté, confundida, al ver cómo desordenaba todo.
—Busco algo para que te pongas —respondió, esparciendo mi ropa por toda la habitación.
—No es buena idea —le dije, preocupada.
Me senté en la cama mientras Arman detenía su frenesí y sacaba un vestido corto, satinado, de color champán.
—Esto te quedará perfecto —dijo con entusiasmo, moviendo el vestido con alegría—. Con tu compañía seré la envidia del lugar —aseguró emocionado.
Me quedé quieta, y él se acercó con el vestido en la mano.
—Vamos —me dijo, jalándome de la mano.
—Arman... —murmuré, resistiéndome.
Arman me entregó el vestido, pero solo lo observé, incómoda. Volví a sentarme en la cama, y él me miró con indignación.
—Está bien, yo te visto —dijo, quitándome el vestido de las manos e intentando subirme la blusa.
—¿Qué haces, Arman? —le dije, confundida, apartándome de su agarre.
—Te ayudo a vestirte —respondió tranquilamente mientras volvía a intentar subirme la blusa.
—¡Arman! —exclamé, avergonzada.
—Tranquila, ya he visto de todo en los cuerpos de este mundo —afirmó con una naturalidad que me hizo sonreír tímidamente.
Definitivamente, Arman no conocía la vergüenza; pretendía vestirme como si fuera una niña.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó la voz de Nick, cargada de molestia.
No entendía en qué momento había entrado a la habitación, pero la situación era claramente comprometedora y fácil de malinterpretar. Me alejé de Arman y me acerqué a Nick, quien observaba todo con una seriedad preocupante.
ESTÁS LEYENDO
6.El Alfa Implacable
Manusia SerigalaNick Manrique Walsh, es el menor de sus seis hermanos. Alguien dulce, amigable, sociable y con un gran atractivo físico, que lo cataloga como el hombre perfecto. Bueno eso es lo que piensan todas las chicas del instituto o cualquiera que lo conozca...
