Capítulo 3.30 El doctor Bastien

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Bastien

Me apasionaba la medicina, pero el viaje que había experimentado durante los últimos cinco meses me llevó a comprender algo más allá de lo científico y a buscar respuestas en mi interior. Mi subconsciente sabía que el cerebro controlaba todas las funciones del cuerpo. Mi mente era una fuerza poderosa, capaz de influir en todas las células de mi organismo.

Mi teléfono sonó, y decidí contestarlo. Dejé de escribir y me concentré en la llamada.

—Doctor Ryan —lo saludé al responder.

—Doctor Dupont, espero que sus investigaciones hayan sido fructíferas —mencionó con el profesionalismo que lo caracterizaba.

—Sí, han sido provechosas. Confío en que las nuevas estrategias de tratamiento resulten efectivas —le aseguré.

En mi cuaderno tenía anotada toda una lista de tratamientos que podrían funcionar para Alana.

—Confío en que así será. Por cierto, tengo una preocupación personal. Mi hermana sufrió una caída que le provocó una contusión. Aunque intenté no alarmarla, revisé sus exámenes, y los resultados muestran indicadores preocupantes. Presenta hipoalbuminemia, con niveles bajos de albúmina, además de concentraciones elevadas de bilirrubina, creatinina y urea, lo cual podría estar indicando una insuficiencia hepática en desarrollo —expresó con evidente inquietud.

—Eso no es bueno. Si no se trata a tiempo, podría evolucionar hacia una insuficiencia renal, y en ese caso sería necesaria la diálisis —le respondí con preocupación.

—Eso es precisamente lo que temo. Su organismo probablemente no resistiría un procedimiento de tal magnitud —admitió, visiblemente preocupado.

—Entiendo. Lo más adecuado sería cambiar la medicación. Sin embargo, también sería fundamental trasladarla a una unidad de cuidados intensivos. Allí podríamos monitorear su estado con mayor precisión y administrar los medicamentos de forma intravenosa para evitar complicaciones —sugerí con firmeza.

—Ella se niega a salir de ese lugar —comentó, pensativo.

—Eso complica las cosas —respondí, preocupado.

—Ese lugar parece mantenerla con vida. Revisé sus resultados anteriores, y aunque los niveles son elevados, se han mantenido estables. Sin embargo, es imprescindible ajustar la medicación —afirmó, reflexionando.

Alana ya se había dado por vencida; todo lo que quería era estar cerca de ese hombre, quien, según ella, era perfecto y la hacía sentir mejor simplemente con su presencia.

—Cambie la medicación, pero insisto en que se traslade a la manada. Supervise la administración de los medicamentos de forma intravenosa —indicó finalmente.

—Entonces viajaré para allá —le aseguré con determinación.

—Le enviaré el informe completo a su correo. Además, ya gestioné su ingreso a la manada —confirmó con seguridad—. Nick adecuó una de las habitaciones con los equipos médicos necesarios para simular una unidad de cuidados intensivos — me dijo con tranquilidad.

No entendía cómo había logrado eso, pero tendría que verificar si todo cumplía con lo necesario. Personalmente, consideraba que lo mejor sería hospitalizarla, pero respetaba su decisión y haría todo lo posible por ayudarla hasta el final.

Tomé mi mochila de viaje y abordé el primer vuelo hacia San Petersburgo. Por suerte, el doctor Ryan había organizado todo, y una camioneta me llevó directamente al lugar.

Desde el fin de la guerra, el descubrimiento de criaturas mágicas se había vuelto común para algunos sectores de la población, mientras que otros seguían en completa ignorancia. Durante ese tiempo, yo me dediqué a cuidar de Alana en una pequeña habitación aislada. Solo tenía noticias del exterior por las cartas de sus familiares y los reportes en los medios.

6.El Alfa ImplacableHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora