Cuando llegamos a la casa, le pedí a Bastián que me hiciera una prueba de embarazo. Él solo me miró como si estuviera loca.
—Alana... —dijo, observándome con desconcierto.
—Bastián, solo tengo dudas —le aclaré con seguridad.
—Sabes que es imposible —me respondió, sin comprender mi petición.
—No pierdes nada con hacerla —insistí con una sonrisa.
—Bien... —murmuró, dándose por vencido. Se acercó a la despensa de medicamentos, tomó una caja y me la entregó—. Ve al baño y hazte esta prueba —dijo con tranquilidad.
—Sí —respondí emocionada.
Bastián no entendía mi entusiasmo, pero si lo que Ludmila había dicho era cierto, ese bebé se convertiría en mi prioridad. Tomé la prueba con manos temblorosas y sigue las instrucciones al pie de la letra. Sin embargo, los minutos de espera se hicieron eternos. Finalmente, el tomé con nerviosismo y la observada fijamente.
—Alana —me llamó Bastián desde el otro lado de la puerta, pero yo seguía congelado, mirando el resultado en mis manos.
— ¿Qué significan dos rayas? —pregunté con duda.
—No puede ser... —musitó Bastián, entrando sin avisar y tomándome por sorpresa.
—¡Bastián! —lo reprendí, asustada por su irrupción repentina.
—Déjame ver —se acercó y tomó la prueba con sus manos—. Bien, creo que está defectuosa —dijo preocupado. Se retiró unos segundos y regresó con más pruebas—. Hazte otras —insistió, aún incrédulo.
—¿Diez? —pregunté divertida ante su exageración.
—Hay que salir de dudas —afirmó, encogiéndose de hombros.
—Una prueba de sangre sería más efectiva —le explicó, y él asintió, convencido. Pero luego frunció el ceño, recordando algo.
—El problema es que, como esto era imposible, en los análisis no tomamos en cuenta los anticuerpos específicos que se unen a la hCG —aclaró con aburrimiento.
Asentí y volví al baño para realizar las pruebas. Una tras otra, todas dieron positivas. Con cada resultado, mi emoción y felicidad aumentan.
—Todas dieron dos rayas —afirmé, saliendo del baño con las pruebas en las manos.
—Esto es increíble... —murmuró Bastián, tomándolas y examinándolas con atención—. Este lugar cada día me sorprende más —agregó pensativo, perdiéndose en las pruebas que sostenía.
—Mi bebé... —susurré emocionada, acariciando suavemente mi vientre. Bastián me miró y se acercó.
—Tenemos que cuidarlo. Te pondré un poco de suero para hidratarte, pero suspenderemos el medicamento hasta confirmar lo del bebé —dijo con determinación.
—Gracias —le respondió con una sonrisa.
Bastián me pidió que me bañara para quitarme la suciedad de las minas y, después, me colocó el sueño. Estaba tan cansada que terminó dormida mientras el líquido se distribuía por mi torrente sanguíneo.
Cuando desperté, ya no estaba en la habitación que Nick había preparado para mí. Me encontré en la comodidad de mi propia habitación, envuelta en el suave aroma de Nick en las sábanas. Me levanté, me bañé y me alisté para salir. Tenía que encontrar a Nick y contarle sobre mi embarazo. Seguramente se pondría tan feliz como yo.
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6.El Alfa Implacable
Manusia SerigalaNick Manrique Walsh, es el menor de sus seis hermanos. Alguien dulce, amigable, sociable y con un gran atractivo físico, que lo cataloga como el hombre perfecto. Bueno eso es lo que piensan todas las chicas del instituto o cualquiera que lo conozca...
