Nick
Con los medicamentos que me había dejado Leilani, mi dulzura se había sentido mejor. Había recuperado algo de color y se notaba más animada en sus días y trabajos. Definitivamente, ella era un prodigio creando químicos espectaculares y únicos.
Recibí los documentos y la información que había solicitado. Los leí meticulosamente, detallando algunas situaciones que, sin duda, eran una bajeza. Quise solucionar el inconveniente de inmediato, pero la reunión, debido a ciertos asuntos relacionados con las minas, me lo impidió. Así que la resolución de ese problema tendría que esperar unas horas más.
Después de salir de la reunión, fui a buscarla y la encontré caminando animadamente hacia la habitación. Tenía prisa y una hermosa sonrisa; Al parecer, estaba entusiasmada con algo, tanto que ni siquiera se había dado cuenta de que la observaba con una sonrisa.
—Dulzura —la llamé, y ella se detuvo con sorpresa.
—Amor —dijo emocionada, girándose hacia mí.
Con dos zancadas la alcancé y la envolví en mis brazos.
—A ¿dónde vas? —le preguntó con curiosidad al notar su apuro.
—Los niños del orfanato me dijeron que mañana me harán una presentación y estoy muy emocionada. Quiero conseguirles unas sorpresitas —anunció con una gran sonrisa.
Por supuesto, mi dulzura, con su carisma y amor, ya se había ganado a mi manada. Todos hablaban de lo bondadosa y dulce que era, sin contar que la admiraban y respetaban por sus obras desinteresadas con los miembros más vulnerables.
—Ve entonces, mi amor —le dije, dejando un suave beso en sus labios.
—Te amo —susurró con una radiante sonrisa.
—Y yo a ti —le aseguré mientras la veía subir las escaleras con prisa.
Aproveché que Alana estaba ocupada con los preparativos y avancé hacia el orfanato. Al llegar, me abrió las puertas con sorpresa y Berta no tardó en aparecer con expresión preocupada.
—Berta —la saludé cuando me recibió.
—Alfa, qué alegría verlo por aquí —dijo con asombro.
Entendía su sorpresa. Entre mis preocupaciones y el dolor, había descuidado muchos aspectos de mi manada. Por suerte, Alana había reaparecido en mi vida, siendo mi polo a tierra.
—La Luna está muy entusiasmada porque los niños le harán una presentación —aclaré el motivo de mi visita, y ella muy ampliamente.
Solo Alana logró ganarse el cariño y ternura de una mujer tan estricta y rígida como Berta.
—Sí, Alfa. Es algo sencillo. Los niños querían hacerle un detalle, así que la maestra los ha estado ensayando —me informó con tranquilidad.
—Llámela —le pedí, y ella ascendió.
La maestra no tardó en llegar, mostrándose algo nerviosa mientras Berta la observaba con discreción. Tendría aproximadamente unos veinte años y me sonó tímidamente sin sostenerme la mirada.
—Alfa —me saludó con voz baja.
—Maestra —respondí, tendiéndole la mano.
Ella se sonrojó aún más. A veces olvidaba el efecto que causaba en los demás.
—Susan —se presentó con timidez, y yo asentí.
— ¿Qué necesitan los niños para la presentación? —pregunté con claridad.
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6.El Alfa Implacable
WerewolfNick Manrique Walsh, es el menor de sus seis hermanos. Alguien dulce, amigable, sociable y con un gran atractivo físico, que lo cataloga como el hombre perfecto. Bueno eso es lo que piensan todas las chicas del instituto o cualquiera que lo conozca...
