Mi mamá había pasado toda la mañana con Leonard buscando casas. Quería un lugar donde pudiera demandar sin dificultad, y aquí no podía hacerlo. Insistía en que me fuera con ella, pero yo no pensaba dejar a Nick. Estaba convencida de que, con el tiempo, amaría a mi bebé tanto como me ama a mí.
—Ya alquilé la casita. Tengo que hacerle algunas mejoras, pero estoy muy emocionada. Hace mucho que no remodelaba algo —me aseguró con entusiasmo mientras llegaba a la terraza, donde organizaba algunas fotos.
Había decidido dejarle un álbum a mi bebé con todas las fotos de su papá y mías. Quería que, en mi ausencia, pudiera ver cuánto nos amábamos y lo felices que estábamos con su llegada. También estaba preparando unos videos en los que le hablaba sobre mí, le explicaba lo importante que era y cuánto lo valoraba. Todo estaba muy organizado. Primero, comencé con este álbum, en el que incluí pequeños pies de foto para contarle detalles sobre su padre y sobre mí.
—Tu jugo —dijo Sofía mientras dejaba sobre la mesa un vaso junto con unas galletas que había pedido.
Ella había insistido en realizar labores domésticas en la mansión. Al principio, me sentía incómoda, pero con el tiempo me di cuenta de que se había vuelto servicial y amable. Me alegraba su cambio; demostraba que estaba arrepentida de sus errores y que ya había pagado por ellos.
—Gracias —le respondí con una sonrisa, mientras mi mamá solo la observaba con atención.
Creo que una de las razones por las que Sofía había insistido en quedarse era porque mi mamá se encontraba aquí, y ella quería restablecer su vínculo con ella. Sin embargo, mi madre la ignoraba y la miraba con recelo.
Cuando Sofía le sonrió al notar que la observaba, mi madre endureció el semblante.
—No lo bebas —dijo mi mamá con preocupación.
—Yo misma lo preparé —aseguró Sofía con angustia.
—Peor aún —replicó mi madre, retirando el vaso.
—Mamá... —le dije en tono conciliador.
—No entiendo qué hace aquí, pero aléjese de mi Alana. Si intenta algo, créame que yo misma la atacaré —mencionó con seriedad, y Sofía solo abrió los ojos con dolor.
—Tía, yo no la lastimaré. Ya aprendí mi lección —aseguró ella con nostalgia.
—Podría envenenarla —sentenció mi madre con firmeza.
—¡Claro que no! —exclamó Sofía, asustada ante la acusación.
Mi mamá lanzaba esas acusaciones sin previo aviso, sin tener en cuenta que las reglas de la manada sentenciaban a muerte o exilio a cualquiera que intentara matar a la Luna o al Alfa.
—No confío en usted —afirmó mi madre, señalándola con enojo.
—Yo tampoco —intervino la voz de Nick, tomándome por sorpresa—. Solo está aquí por la caridad de mi dulzura. Pero el más mínimo error tendrá consecuencias nefastas. Recuerde que, al decidir vivir aquí, se acogió a las leyes de la manada —aseguró, acercándose hasta sentarse en una silla junto a mí.
Se veía hermoso. Tantos días sin verlo me hicieron sentir emocionada y sensible. Su toque y presencia siempre lograban calmarme y hacerme sentir segura.
—Lo sé, y sé que la Luna y el Alfa son intocables. Alana es mi prima, y no la lastimaré —afirmó Sofía, alarmada.
—Eso no te detuvo antes —le reprochó mi madre con rencor.
—Fui una estúpida. Me dejé llevar por la envidia y el rencor. Pero créame, ya aprendí... y de la peor manera —aseguró Sofía, con genuino arrepentimiento.
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6.El Alfa Implacable
VârcolaciNick Manrique Walsh, es el menor de sus seis hermanos. Alguien dulce, amigable, sociable y con un gran atractivo físico, que lo cataloga como el hombre perfecto. Bueno eso es lo que piensan todas las chicas del instituto o cualquiera que lo conozca...
