Capítulo 3.22 Navaja

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¡Hola, mis orquídeas mágicas!
Quiero agradecerles por su apoyo y compañía en cada capítulo. 🌺 Les informo que los horarios de actualización serán los martes y viernes, así que marquen sus calendarios. Por ahora, estaré enfocada en continuar con El Alfa Implacable, mientras que la historia de El Alfa Feroz estará en pausa temporalmente.

¡Gracias por su paciencia y por ser parte de este mágico viaje! 💜

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Navaja 

La mujer que debía matar era la persona más peculiar que había conocido. Se preocupaba por los demás y caminaba con inocencia entre la manada, como si nada ni nadie le preocupara o temiera estar rodeada de lobos.

Era tan frágil y delicada que no comprendía cómo no temía que alguien pudiera lastimarla. Caminaba sin prisa, con una elegancia natural, y su sonrisa, genuina y cálida, transmitía únicamente bondad y amor. Siempre se preocupaba por los demás y estaba dispuesta a ayudarlos.

Anel la adoraba, y ¿cómo no hacerlo? Ella había reabierto la guardería, facilitando el trabajo a las mujeres que eran madres solteras. Aproveché que mi media hermana administraba ese lugar para acercarme a ella.

Dulce Alana Ryan Mattsson era mi objetivo, y, sin duda, un objetivo fácil de cazar. Lo único que me intrigaba era su comportamiento, por lo que empecé a observarla con detenimiento. Pasar tiempo en la guardería era tedioso, ya que tenía que escuchar a todas las personas hablar, pero, al menos, eso me permitía estar cerca de ella.

—Nuestra Luna brilló con tanta intensidad, y el alfa la ama —relataba Anel con entusiasmo a las demás madres del lugar.

—¿Si la ama, por qué no la reconoce como Luna? —preguntó una de ellas.

—Es por Verusha, esa mujer se le mete por los ojos al alfa —aseguró Anel con firmeza.

—Entonces no es nuestra Luna, porque él no la acepta —replicó otra, preocupada.

—Hablen por ustedes, porque para mí, sí es mi Luna, y varios pensamos lo mismo —sentenció Anel con determinación.

Las mujeres se dispersaron, y Anel terminó por darme una limonada. A pesar de que no la consideraba mi hermana, era la única persona que se preocupaba por mí. Era como un mosquito molesto que nunca se iba, pero al final me acostumbré a su presencia persistente.

—Toma —me dijo, extendiéndome una limonada.

—Debería dejar de hablar, se meterá en problemas —le advertí, instándola a tener cuidado.

—No me importa. Es nuestra Luna, y lo será siempre, aunque quieran imponernos a otra —afirmó con obstinación.

—La terquedad viene de familia —comenté con apatía, recordando cómo era su progenitor.

—Sí, la heredamos de papá. Por eso tú también eres terco —dijo con diversión, mientras yo solo rodaba los ojos.

El hombre que se había dedicado a procrear sin responsabilidad, dejando hijos regados en la manada, no tenía el perfil para ser llamado "papá". Era un ser despreciable. En total, tenía siete hijos en esta manada, todos de diferentes mujeres, excepto dos, que era de su compañera. Lo odiaba. Así que, por mucho que Anel hablara de él, yo solo lo ignoraba. Ella era lo suficientemente ingenua como para creer que ese hombre nos quería.

Yo no sabía qué era el amor o la preocupación. Nunca había recibido nada de nadie. Desde que nací, mi madre me abandonó en el orfanato de la manada, y supe que ese hombre era mi progenitor solo porque teníamos demasiada similitud física y porque, en algún momento, decidió visitarme para "conocerme". Un idiota.

6.El Alfa ImplacableHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora