Capítulo 3.42 Confrontación

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Últimamente me sentí más cansada de lo normal, así que pasaba el día con sueño. Trataba de esperar que despertara a Nick, pero el cansancio terminó por vencerme y me quedé dormida.

Me desperté al sentir unos sonidos y el peso de algo sobre mí. No me moví, solo empecé a tomar conciencia de mí misma poco a poco, mientras el sonido se convertía en un llanto profundo y el peso sobre mí resultaba ser Nick, quien me abrazaba con suavidad mientras su llanto se hacía más evidente.

Permanecí quieta, esperando que no se diera cuenta de que ya me había despertado. Tenía que dejarlo desahogarse. Pero eso no evitaba que mi corazón se encogiera y sintiera un vacío dentro de mí. No quería lastimarlo ni generarle dolor, pero sentí que mi decisión lo estaba afectando.

Nick seguía recostado sobre mi vientre, sollozando con suavidad. El último reporte de Leilani no había sido bueno. En él aseguraba que mi cuerpo se debilitaría poco a poco hasta que lo poco bueno que me quedaba simplemente se agotara.

—Sé que estás despierta —murmuró, tomándome por sorpresa.

—Nick... —susurré suavemente mientras acariciaba su cabello.

—Yo solo... no quiero perderlos —confesó en un ataque de sinceridad.

—A él no lo perderás —le aseguré con ternura.

—Pero a ti sí... —susurró con tristeza.

—Nick... —dije sin saber qué responderle.

—Déjame, mi amor... —me pidió con dulzura, mientras seguía llorando en silencio.

Lo dejé desahogarse, sacar todo lo que había retenido durante tanto tiempo.

—Te amo —le dije suavemente, sin dejar de acariciar su cabello.

Nick dejó un suave beso en mi vientre y luego se separó de mí. Se sentó en la cama y me miró con atención, como si quisiera decir algo, pero las palabras murieron en sus labios. Su expresión cambió por completo, mostrando sorpresa y asombro.

—Dulzura... está brillando —dijo sin poder creerlo, señalando mi vientre y acariciándolo con suavidad.

—Te lo dije —respondí con ilusión, mientras veía cómo mi vientre volvía a iluminarse.

—Esto es... único —susurró, perdido en la visión.

—Es hermoso —afirmé, colocando mi mano sobre mi vientre.

—Lo es... —murmuró, entrelazando su mano con la mía.

Cuando la luz desapareció, Nick solo me abrazó y dejó un beso en mi coronilla. Así, envueltos en la tranquilidad de la noche, nos quedamos dormidos.

Con los días, Bastián me revisó, aunque solo fue un chequeo rápido para comprobar mis signos vitales y asegurarse de que la suspensión del medicamento no me afectaría más de lo previsto.

—A pesar de que suspendimos el tratamiento, te ves bien —comentó con una sonrisa.

—Me siento bien y feliz —le respondí con la misma expresión.

—Así te has sentido desde que volviste con Nick —dijo, moviendo la cabeza levemente.

—Sí —afirmé, feliz. Desde que llegué a este lugar, me sentí tranquila, lo que sin duda ayudaba en mi recuperación.

— ¿Cuándo se va el doctor Schneider? —preguntó Bastián, al notar que el médico le entregaba unas flores a mi madre.

—No tengo ni idea —respondí con sinceridad.

6.El Alfa ImplacableHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora