Verusha
Que Nick terminara conmigo era algo que no esperaba. Creí que mantendríamos nuestra relación y que Alana solo sería su amante. Podría soportarlo, claro que sí; en nuestra manada era bien visto que el alfa tuviera amantes. Pero, en lugar de eso, simplemente me dejó.
Salí del estudio sintiéndome sola y humillada. Avancé por los pasillos hasta llegar a mi habitación, donde me derrumbé en el suelo, llorando desconsoladamente.
—Lo perdí todo —murmuré entre sollozos—. Perdí al hombre que amo.
Me abracé las piernas, formando un pequeño ovillo en el suelo. Esa mujer había arruinado todos mis planes. Esperaba que pronto su cuerpo colapsara y muriera. Contaba los días con paciencia, esperando mi oportunidad para regresar. Había tomado una decisión precipitada al contratar a un asesino, pero, al final, ella moriría por su propia condición. Tras la amenaza de Navaja, abandoné esa idea.
Seguía actuando como si fuera la luna. Después de todo, ella no había asumido el puesto que le correspondía, y eso facilitaba las cosas para mí. Continué organizando a las lobas para el evento de luna nueva.
—Quiero todo listo lo antes posible —ordené con firmeza cuando llegaron las mesas y sillas. Debido a la decoración, solíamos organizarnos con meses de anticipación para lavarlas y reemplazar las que estuvieran dañadas.
—Usted ya no es la luna, así que ocupe su lugar —me reclamó una omega con insolencia.
—Claro que sigo siendo la luna. ¿Acaso el alfa ha venido a contradecirme? —le respondí molesta.
—No, pero... —replicó, algo confundida.
—Mejor cállese y siga trabajando. ¡Estúpida! —le solté con enojo.
Las lobas continuaron con sus tareas mientras yo permanecía con la mirada fija y la mandíbula apretada. Finalmente, me retiré, aunque mi molestia no disminuyó.
Al llegar a la cocina, Verónica me recibió con respeto y atendió mis exigencias de inmediato. Después de todo, ella me debía todo; gracias a mí, tenía la posición que ocupaba en la manada.
—Mi luna —dijo, entregándome un jugo y unas tostadas.
—Gracias, Verónica —respondí, tomando un sorbo.
—Tranquila —me dijo con un tono conciliador.
—El alfa está confundido, pero yo sigo siendo la luna —afirmé con rotundidad.
—Lo sé, señorita, no se preocupe —me aseguró con respeto.
La ausencia de Alana en sus responsabilidades me permitía moverme con libertad en la manada y seguir imponiendo mi cargo como luna ante algunos integrantes.
Ahora que Nick sabía de su enfermedad, todo sería más fácil. Él se enfocaría completamente en ella, dejando de lado la manada, lo que generaría confusión entre los integrantes. Cuando ellos actuaran contra Nick por su falta de atención, yo me haría indispensable. De ese modo, exigirían que tomara el puesto de luna que me había ganado a pulso.
—Señorita, debe comer algo —le pidió Bernardo a Alana con preocupación.
Nick se había enterado de su enfermedad, pero en lugar de quedarse con ella, se había ido. Llevaba un día entero sin dar señales de nada. Eso solo aumentaba mi tranquilidad y mi satisfacción; como había supuesto, Nick se aislaría por su dolor, dejando el campo libre para mí.
—Es que casi no tengo hambre —respondió ella con voz apagada.
Desde que Nick se había marchado, Alana se había encerrado en su habitación a llorar desconsoladamente. Eso me alegraba. Yo había sufrido por su culpa, y ahora era ella quien sufría sola.
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6.El Alfa Implacable
WerewolfNick Manrique Walsh, es el menor de sus seis hermanos. Alguien dulce, amigable, sociable y con un gran atractivo físico, que lo cataloga como el hombre perfecto. Bueno eso es lo que piensan todas las chicas del instituto o cualquiera que lo conozca...
