La vida da muchas vueltas, y ser rencorosa, envidiosa y falsa me había pasado una factura muy alta. Fui cruel con Alana sin que ella me hubiera hecho nada, simplemente porque envidiaba todo lo que tenía. Contaba con una madre que la quería y un padre que la apoyaba en todo. Yo, en cambio, tenía un padre al que no recordaba y una madre que me veía como una mercancía.
En aquel entonces, mi parte ingenua y estúpida creía que me quería y que todo lo hacía por mi bienestar. Debí haber sido más inteligente y astuta, no haberme dejado llenar la cabeza de tantas fantasías e historias de odio. Debí haber querido a Alana como mi prima, esa prima con la que jugaba y compartía todos mis juguetes.
Aún recuerdo ese día. Mi tía se encontraba resguardada debido a la guerra y, de repente, dejó de enviarnos la mensualidad. Mi madre se desesperó: necesitaba seguir sosteniendo el estilo de vida al que mi padre la había acostumbrado, así que terminó acudiendo al método más vil y bajo para conseguir dinero.
El recuerdo de ese momento me acompañará por siempre.
Flashback
Mi madre me llevó a uno de los restaurantes que solía frecuentar, según ella, para disfrutar después de meses de una cena decente. Pero, al final, terminó desviándose del camino y llevándome a un sitio que no conocía, oscuro y peligroso.
Avanzamos por aquel callejón hasta llegar a un cuarto sombrío donde un grupo de hombres la esperaba. Noté cómo se estremeció al verlos.
—¿Es la mercancía que mencionaste? —preguntó un hombre vestido de negro, observándome con diversión y curiosidad.
No entendía a qué se refería, pero me sentí incómoda. Por primera vez en mi vida, critiqué mi forma de vestir, pues me sentía desnuda y vulnerable bajo su oscura y perversa mirada.
—Es ella. Es hermosa —aseguró mi madre, desviando la mirada hacia el maletín que uno de los hombres había traído.
—Lo es —afirmó el hombre, acercándose a mí. Retrocedí instintivamente.
Mis instintos primitivos me gritaban que corriera, pero estaba completamente indefensa.
—¿Mamá? —susurré con miedo, buscando protección en la persona que debía protegerme.
—Tranquila, Sofía, solo será por un tiempo, mientras consigo a alguien que pueda pagar más por ti. No te preocupes, no será tanto tiempo —dijo con indiferencia, sin mirarme, concentrada solo en el maletín que el hombre abrió ante sus ojos, revelando fajos de billetes.
—Mamá, no —murmuré con miedo al ver cómo tomaba los billetes con sus dedos, acariciándolos suavemente.
—Lo acordado —dijo el hombre, entregándole el maletín. Ella sonrió, complacida.
—Mamá, ¡no! —grité con horror al ver que comenzaba a alejarse.
Uno de los hombres me sujetó con fuerza, impidiéndome seguirla. Desesperada, empecé a forcejear para liberarme de su agarre.
—¡Suéltame! —le grité con rabia, lanzándole una cachetada que solo aumentó su furia.
—¡Silencio! —ordenó el hombre de traje negro, abofeteándome con tanta fuerza que caí al suelo.
La inconsciencia me venció tras el golpe, y cuando desperté, ya me encontraba en un lugar oscuro, junto a otras cien mujeres que, al igual que yo, habían sido vendidas como mercancía.
Fin del flashback
Los años siguientes fueron un infierno. Durante los primeros meses, guardé la esperanza de que mi madre cumpliera su palabra, pero, con el pasar de los días, la tristeza y la desolación me invadieron. Lo único que deseaba era morir, pero nos tenían tan vigiladas que ni siquiera esa posibilidad pude intentar.
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6.El Alfa Implacable
WerewolfNick Manrique Walsh, es el menor de sus seis hermanos. Alguien dulce, amigable, sociable y con un gran atractivo físico, que lo cataloga como el hombre perfecto. Bueno eso es lo que piensan todas las chicas del instituto o cualquiera que lo conozca...
