Capítulo 3.8 Cuidador

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Terminé de despedirme de Leilani con un gran abrazo. Ella era una persona buena y muy dulce, así que mi amistad con ella se dio de manera espontánea y natural.

— Cuídate mucho — me dijo Leilani separándose de mí.

— Gracias por tu apoyo — le dije con agradecimiento.

— Siempre cuentas conmigo, Alana — me dijo ella con cariño.

— Gracias — le dije con una sonrisa.

Leilani volteó a ver a un grupo de hombres que la cuidaban y después hizo una señal con su cabeza, así que uno de ellos asintió dando por hecho lo que le preguntaba en silencio. Ella me volteó a ver y sonrió con tranquilidad, para después tomarme las manos con suavidad.

— Bernardo, se quedará contigo. Hace parte de mi guardia personal — me aclaró con determinación.

— Leilani no — le dije con vergüenza.

— Hazlo por mí. ¿sí? Me iré más tranquila si dejo que él te cuide — me dijo con cariño.

— Yo estoy bien aquí — le aclaré ante su preocupación.

— Por favor. Si — me dijo con súplica — Además, él ya tiene sus maletas y está muy emocionado por cuidarte. No lo dejes sin trabajo — me dijo en tono melancólico.

No podía dejar que alguien se quedara sin trabajo. Bernardo se veía que era un buen hombre y solo me cuidaría en la distancia.

— Está bien — terminé por ceder y ella celebró con alegría.

— Bernardo ven — lo llamó Leilani y el hombre se acercó a nosotras.

Era un hombre corpulento con un traje a la medida. Se veía intimidante y supervisaba todo con sumo detalle, sus ojos eran oscuros y tenía un corte pulcro e impecable.

— Si mi luna — le dijo el hombre acercándose a ella.

— Te presento a Alana. Cuídala como si se tratara de mí — le dijo ella con autoridad y el hombre asintió con obediencia.

— Si mi luna — le aseguró con determinación.

Damien se acercó y tomó a Leilani de la cintura. Sus dos hijos ya los estaban esperando en la camioneta y ellos se estaban despidiendo de mí.

— Ya organicé todo para que tengas hospedaje y alimento — le aseguró Damien al hombre con seriedad y este asintió —. La remuneración económica llegará como todos los meses — le aclaró.

— Si alfa — le respondió el señor con obediencia.

— Aumentará porque ahora cuidas a la luna — le aclaró Leilani con una gran sonrisa.

— Leilani, yo no soy la luna — le dije tímidamente.

— Lo eres — me aseguró con determinación despidiéndose de mí.

Leilani se terminó por ir y Bernardo empezó a seguirme. Al principio me sentí incómoda, pero después me acostumbré a su compañía. Era muy reservado y tranquilo.

En la hora del almuerzo, Nick probó la comida con desconfianza y después miró a las personas que le estaban sirviendo con seriedad.

— ¿Dónde está Ludmila? — le preguntó a la mujer que le servía su jugo.

La mujer se quedó en silencio sin saber qué responder y Verusha se movió incómoda mientras tomaba un poco de jugo y después respondía.

— En la granja — le respondió Verusha con tranquilidad.

6.El Alfa ImplacableHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora