Después del eclipse lunar
Alana había vuelto a mi vida de una manera tan repentina que me desconcertó. Quise, con todas las fuerzas de mi ser, no acercarme a ella, pero fue imposible. Todo en ella parecía diseñado para que mis instintos la protegieran.
Me dolía no darle su lugar, ese lugar que se merecía por derecho. Pero ella no quería; había vuelto a mí solo por la enfermedad, y respetaría sus decisiones. O, bueno, eso creí... hasta que el estúpido de Arman se acercó demasiado a ella. De no ser porque es mi hermano, le habría partido el cuello.
Ahora ella estaba aquí, durmiendo segura en mis brazos, después de que nuestros deseos sucumbieran a la magia del eclipse lunar. Me dormí tranquilo, sintiendo su suave aroma y el ritmo calmado de su respiración.
Después del desayuno supervisé personalmente que mis hombres siguieran mis indicaciones al pie de la letra y que las cosas de Alana estuvieran en mi habitación. Pero Liam, siempre molesto, quiso llevarse a mi compañera. Estaba loco si pensaba que la iba a dejar ir.
—Aléjate de ella —le dije mientras le ofrecía un trago y me sentaba en mi escritorio.
Él seguía perdido en sus pensamientos, mirando fijamente un punto en el gran ventanal de mi oficina mientras tomaba el vaso. Su manera descuidada de tratar a su compañera siempre le traía problemas. Mi hermano nunca supo cómo manejar eso.
—Valiente inseguridad que le generó Arman. Que ahora duda de nosotros. No me interesa tu compañera, yo tengo la mía —aseguró mientras le daba un sorbo al trago y avanzaba para sentarse frente a mi escritorio.
—Alana está aquí y se quedará aquí. La única manera de que salga es conmigo —le afirmé mientras tomaba mi bebida.
—Entiendo que sufriste por su ausencia, pero la necesito —me dijo desesperado.
—Traeré a Abby. Si ella lo quiere, lo tendrá —le aseguré. Mi dulzura quería ver a su amiga, y me encargaría de que así fuera.
—No creo que quiera salir de su habitación —respondió derrotado.
—Yo me encargo de eso —le dije mientras me acomodaba mejor en mi silla.
Liam esperó con impaciencia a que mis hombres le dieran la señal de que Abby se acercaba a mi manada. Cuando sonó mi teléfono, mi hermano se puso en alerta, y finalmente decidí contestar, activando el altavoz para que pudiera escuchar sin esfuerzo.
—Alfa, estamos aquí, pero la luna no quiere atendernos —informó Rafael, mi omega de seguridad.
—Póngame en altavoz —le pedí.
—Que activen los micrófonos de la habitación —mencionó mi hermano con seriedad.
—¿Micrófonos? —le pregunté con intriga.
—Necesito comprobar que este bien y respirando. Hay días en los que no da señales de nada —admitió preocupado.
—Ya escucharon —ordené a mis hombres.
—Sí, Alfa, ya lo estamos haciendo —respondió Rafael con obediencia.
—Listo, Alfa. Puede hablar —dijo Rafael tras un momento.
Esperaba que Abby atendiera y viniera aquí; de lo contrario, tendría que ir personalmente por ella. Mi dulzura quería algo, y yo le complacería en todo.
—Abby, solo necesito que me escuches. Alana volvió; está aquí conmigo y quiere verte —le dije con calma, pero no obtuve respuesta.
Liam se aproximó al teléfono, pero seguimos sin respuesta. Entonces escuchamos el sonido de la puerta y, después, el leve ruido del teléfono al moverse.
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6.El Alfa Implacable
WerewolfNick Manrique Walsh, es el menor de sus seis hermanos. Alguien dulce, amigable, sociable y con un gran atractivo físico, que lo cataloga como el hombre perfecto. Bueno eso es lo que piensan todas las chicas del instituto o cualquiera que lo conozca...
