Dejé que mi mamá se acomodara. Ella se sintió a gusto en el lugar, y un día después del almuerzo terminamos sentándonos en la sala. Mi mamá le solicitó a Juana que nos preparara un té. Estaba sentada de manera erguida mientras observaba cada rincón del lugar con detalle. Se notaba encantada con la sobriedad y elegancia de la mansión de Nick.
—Mamá —la llamé con suavidad, sin saber cómo abordar el tema.
—¿Dime? —me respondió con una sonrisa dulce.
—Sofía está aquí —le dije en voz baja.
—¿Aquí dónde? —preguntó alarmada mientras se ponía de pie y se acercaba a mí.
—En la manada —aclaré tomándole la mano.
—¿Y qué quiere? —me dijo con seriedad—. Tenemos que sacarla de aquí, te puede lastimar —aseguró con preocupación.
—Mamá —le dije en tono calmado, intentando tranquilizarla.
—Bernardo, tú eres su cuidador. No dejes que esa mujer mala se acerque a ella —le dijo mi mamá a Bernardo con evidente preocupación. Él asintió comprensivo.
Desde que Sofía había llegado, me vi impulsada a buscarla para entender qué le había ocurrido durante esos años. Terminó contándome cómo había llegado a ese horrible lugar y me pidió disculpas por todo el daño que me había causado. Después solo la encontraba ocasionalmente en la manada, donde intentaba adaptarse. Debido a las restricciones impuestas, no se le permitía acercarse a mí.
—Mamá, Sofía sufrió mucho y creo que te necesita —le dije con calma.
Sofía estaba arrepentida. El sufrimiento había cambiado su corazón, y cuando hablé con ella mencionó que extrañaba a mi mamá; lo que más le dolía era haber perdido su cariño.
—Pues yo no la necesito a ella —aseguró mi mamá con terquedad y seriedad.
—Necesita apoyo familiar —le aclaré con suavidad.
—Ella tiene a su mamá —afirmó con firmeza.
—Tú sabes que ella no es una madre ejemplar —dije con nostalgia.
No todas las personas nacen para ser madres. A veces parecía que la vida les daba esa oportunidad para aprender algo, aunque en muchos casos nunca lo lograban y terminaban siendo pésimas madres.
—Mejor hablemos de otra cosa —propuso mi mamá para cambiar el tema.
—Si quieres hablar con ella, está en la cabaña de las huéspedes. Le puedo pedir a Leonard o Bernardo que te lleven —le aseguré con suavidad.
—Es muy bonito aquí —aseguró, mirando fijamente por la ventana y dando por terminado el tema.
De esa manera Selma evitaba el asunto, desviando su atención hacia algo más. Quizá también yo había adoptado esa costumbre, intentando ocultar mis sentimientos.
Después de ese día no volvió a salir el tema. Dejé que mi mamá tomara su tiempo y decidiera si quería buscar a Sofía. Aunque, con lo testaruda que era, seguramente tendría que darle uno que otro empujoncito.
Con solo dos días para mi ceremonia de marcación, me sentía entusiasmada y feliz. Mi mamá no comprendía mucho del tema, pero respetaba mi decisión. Aunque mantenía cierta distancia con las tradiciones de los lobos, estaba aquí por mí y se mostraba feliz por mi felicidad.
—Cariño, este lugar es fascinante. La mansión tiene una elegancia única y acogedora. Me siento bien aquí —me dijo mientras esperábamos a que Nick llegara al comedor.
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6.El Alfa Implacable
Hombres LoboNick Manrique Walsh, es el menor de sus seis hermanos. Alguien dulce, amigable, sociable y con un gran atractivo físico, que lo cataloga como el hombre perfecto. Bueno eso es lo que piensan todas las chicas del instituto o cualquiera que lo conozca...
