Capítulo 3.9 Trueno y Armonía

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Desde que mi Armonía nos dejó, mi humano y yo entramos en una especie de limbo. Nos desconectamos y aislamos del mundo tanto emocional como socialmente. Hablar con alguien se volvió un desgaste para ambos.

Por suerte, llegó el periodo de la Flor Negra de la Muerte. La guerra me sirvió para mantenerme vivo, para sentir algo más que dolor. Me ayudó a potenciar mis habilidades de supervivencia y combate. Sin embargo, cuando la guerra terminó, volví a sumergirme en la oscuridad absoluta, y mi humano respetó mi decisión... hasta que ella regresó.

—Trueno —me llamó una noche, como tantas otras en las que solo se sentaba en su escritorio a trabajar hasta que el cansancio lo vencía.

Lo ignoré porque no quería hablar con nadie, ni siquiera con él. Nick era mi amigo, pero yo solo deseaba estar solo. Sin embargo, insistió tanto que no me quedó más remedio que responderle.

—¿Qué pasa? —le contesté con desgano.

—Necesito decirle algo —respondió pensativo.

De repente, un olor desagradable emanó de su camisa. Detestaba los olores extraños, y no entendía por qué algo que usábamos nosotros podía impregnarse de ese hedor.

—¿Qué es ese nauseabundo olor? —le pregunté mientras olfateaba sus axilas y camisa.

—Verusha —contestó, como si nada.

—¿Quién diablos es Verusha? —inquirí, desconcertado.

—Es alguien que me ayuda con la manada —aclaró, desviando la mirada hacia una mujer rubia y voluptuosa que daba órdenes al personal de seguridad, quienes asentían como idiotas.

No entendía quién era esa mujer ni por qué se tomaba la libertad de mandar a mis hombres. A Nick, sin embargo, parecía no importarle.

—¿Es su novia? —pregunté con desconfianza.

—No.

—¿Se la folla? —insistí con curiosidad.

—Solo una vez —admitió sin emoción.

Mi humano había estado con alguien que no era mi Armonía, y yo no lo había sentido. Era cierto que me había aislado, pero no tanto como para ignorar una conexión tan íntima.

—¿Por qué no lo sentí? —le pregunté, extrañado.

—Estábamos tan ebrios que ni lo recuerdo —respondió con aburrimiento.

—Mejor, porque qué asco —le dije, disgustado.

—Pero solo fue una vez —reiteró, como si intentara tranquilizarme.

—Eso entendí. ¿Por qué no más? —pregunté, intrigado.

—Porque no me interesa —respondió sin darle importancia.

Por eso la conexión que tenía con Nick era tan única, nos entendíamos a la perfección. Así no me aislara a mí tampoco me interesaría otra mujer que no fuera mi armonía. A pesar de su abandono la extrañaba y anhelaba.

La loba con el olor desagradable seguía dando órdenes, y mis hombres obedecían sin cuestionar. Era irritante.

—¿Por qué la siguen como si fuera la luna? —le pregunté a Nick.

—Facilita los eventos y el trabajo, nada más —respondió con simplicidad.

—Mientras no estorbe... —le dije con indiferencia—. ¿Me llamo por eso? —recordé.

—No —dijo, alarmado, mientras nuestro corazón comenzaba a latir con rapidez.

—¿Entonces? —insistí, curioso.

6.El Alfa ImplacableHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora