Capítulo 3.19 Provocaciones

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Feliz año nuevo 2/2

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Sin Abby aquí, tenía más tiempo libre y me mantenía yendo de un lado a otro en la manada. Verusha, por su parte, había regresado a la mansión tiempo completo, y Nick enfrentaba problemas en las minas. Así que dividía gran parte de su tiempo entre papeleos y supervisión minera.

Como si la presencia de Verusha no fuera suficiente, ahora la acompañaban tres mujeres que la seguían a todas partes. Según me informó Juana, eran amigas que estaban de vacaciones. Las tres, al igual que Verusha, eran altivas, antipáticas y se movían por el lugar como si fueran reinas.

Verónica era alta y delgada, similar a Verusha, con un tono de cabello rubio. Cristal, más baja y también delgada, llevaba el cabello negro corto y tenía rasgos ligeramente rasgados en sus ojos. Matilde, en cambio, poseía una cabellera rizada de color castaño, una figura voluptuosa y una piel morena que contrastaba con sus amigas.

Como Nick estaba tan ocupado, me veía obligada a almorzar con ellas en el comedor. Por suerte, estaban tan concentradas en su conversación que me ignoraban.

—¿Cuál es el plan de hoy? —le preguntó Verónica a Verusha durante el almuerzo.

—Hoy es día de piscina —respondió Verusha con entusiasmo.

—¡Qué bien! Porque el alfa en traje de baño es exquisito —comentó Matilde con coquetería.

—No tendrá ojos para nadie más que para mí. Mi traje de baño es muy atrevido —les aclaró Verusha con un aire de confianza.

—Ya veremos —replicó Cristal, provocándola.

No podía permitir que Nick estuviera con Verusha o alguna de sus amigas. Me moría de celos solo de pensarlo. Sabía cuál era mi lugar en la manada, pero eso no evitaba que deseara acaparar toda la atención del alfa.

Decidida a no rendirme, me dirigí a mi habitación y elegí un lindo traje de baño negro. Era bastante pequeño, así que decidí cubrirme con una salida de baño en forma de vestido negro antes de dirigirme a la piscina, acompañada de Bernardo, quien me cuidaba en todo momento.

Cuando llegué a la piscina, vi que no solo estaban Verusha y sus amigas, sino también otras personas que bailaban y bebían. Era toda una fiesta. Me sentí incómoda por las miradas que se posaron en mí, pero no retrocedí. Tenía que dejar de ser cobarde por Nick.

Verusha, al verme, se acercó molesta. Y tenía razón respecto a su traje de baño: era blanco con un estampado rosa, tan diminuto que apenas se distinguía el diseño. Eran prácticamente hilos que cubrían su cuerpo.

—¿Qué haces aquí? —me reclamó Verusha con altivez, respaldada por sus amigas—. Nadie te invitó.

—Nick dijo que podía utilizar todos los espacios de la manada —respondí con firmeza.

—El alfa —me corrigió de forma odiosa.

—Nick me dio permiso —repetí con determinación.

—Eres... —dijo, llena de rabia, mientras parecía dispuesta a abalanzarse sobre mí. Pero sus amigas la detuvieron.

—Como le he dicho tantas veces, señorita, mantenga la distancia —intervino Bernardo, adoptando una postura más imponente.

—No pierdas tu tiempo con ella. De todos modos, Nick solo tendrá ojos para ti —le aseguró Verónica, y Verusha asintió.

Las tres mujeres se retiraron, y yo me acomodé en una de las sillas playeras del lugar. Por suerte, las demás personas solo me miraban sin atreverse a acercarse. Coloqué mis cosas y observé la piscina. Era amplia, con un agua azul cristalina que reflejaba la luz perfectamente. La temperatura estaba climatizada, y en una de las paredes laterales había columnas adornadas con plantas verticales. El lado más profundo estaba ocupado por los demás, dejando el lado menos hondo desocupado.

6.El Alfa ImplacableHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora