Anécdotas

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NARRA COOPER 

Me encontraba con la chica de cabello morado jugando con Pancho y un conejo que ella había traído. Estábamos sentados en el suelo de la habitación donde Cuppa reposa. 

Se había quedado dormida después de que nos habían traído de comer. Dice que no le gusta estar sólo encerrada y recostada, pero la verdad es que se cansa muy rápido y parece que en ocasiones incluso le cuesta respirar. 

Pancho y el conejo parecían llevarse bien, aunque Pancho quería jugar corriendo y el conejo parecía sólo querer que lo abrazaran.

—Creí que vendría la chica extraña del gorrito puntiagudo como cada tarde. 

Comenté a la chica que acariciaba las orejas del roedor. 

—Sí, debería estar por llegar. Quizá está ocupada. 

Respondió, asentí con la cabeza. 

—¿Nos tienen miedo porque podemos explotar? 

Pregunté, ella me miró curiosa. 

—¿De qué hablas? ¿Quién te ha dicho que te tenemos miedo? 

Preguntó, me encogí de hombros. 

—Nadie, pero es bastante obvio. No nos quieren allá afuera con ustedes, ni siquiera nos cuentan nada. Nos retienen aquí y cuando salimos a caminar buscan la manera de regresarnos enseguida. 

Dije, asintió entendiendo de lo que hablaba. 

—Sólo estamos protegiéndolos. 

Respondió para después guardar silencio como si estuviera pensando en algo más.

—No tiene sentido, ¿protegernos de qué?, ¿o quién? 

Pregunté, ella suspiró. 

—Mira a Cuppa, apenas y se puede mover, ella no puede estar afuera con todos nosotros. Imagina que se cayera, o se sintiera mal, nadie sabría como ayudarla o que podría pasar. 

Dijo, asentí mirando a la mencionada. No pareciera que estuviera descansando a pesar de estar profundamente dormida. 

—Pero yo no estoy embalado. 

Dije, ella sonrió.

—No, no estás embarazado y jamás lo estarás. Pero es diferente, tú… Tú olvidaste. 

Respondió como si sintiera pena, la miré pensando que no sabía lo que decía.

—¿Olvidé? ¿Qué olvidé? 

Pregunté, ella tenía un semblante triste. 

—A tus amigos, nosotros. Lo importante que has vivido con nosotros. 

Respondió, crucé los brazos sintiéndome engañado. 

—No he olvidado nada porque no he vivido nada con ustedes, sólo me tienen aquí encerrado. 

Respondí, ella negó con la cabeza. 

—Olvida lo que dije...bueno, probablemente lo harás. Iré a buscar a Cinthya, cuida de Cuppa mientras tanto. 

Pidió mientras se levantaba y salía de la habitación. Suspiré pensando que a pesar de lo que yo creía saber ella no parecía estar mintiendo. 

Me recosté en el suelo mirando el techo, respiré profundo intentando recordar. 

Crecí al lado de mi hermana bajo la protección y cariño de mis padres. Todo era juego, diversión, amor, bromas y risas hasta aquel día del paseo familia; un barranco, un felino feroz, mis padres… 

Agité mi cabeza hacia los lados intentando pasar de ese recuerdo, después recordé a mamá Kama, ella me cuidó con cariño como una madre de verdad hasta que enfermó y luego… 

Volví a mover mi cabeza, recuerdo haber escapado de la casa cuando supe que jamás volvería a recibir un abrazo o escuchar una palabra de parte de ella. Llegué a un arroyo o algo así donde miré mi reflejo en el agua clara y fresca, había crecido un poco y mi apariencia era muy similar a la de mi padre. 

Recuerdo haber jugado en el agua, luego recostarme en el pasto para secarme con el calor de los rayos del sol. 

Las imágenes se reproducían en mi cabeza como cuando me leían un cuento y yo imaginaba todo, recuerdo que cuando estuve totalmente seco me levanté y caminé un poco, hasta que me tope con algo pequeño que brillaba entre el pasto, pero cuando me había encluquillado para tomarlo algo me golpeó. Había un enderman en el suelo, creí que si no me movía no me vería, pero él me miró.

No parecía malo como los demás enderman que había conocido aquella vez en la aldea de Creepers, además me sentía solo por lo que decidí seguirlo creyendo que eso me ayudaría en algo. 

La puerta se abrió de golpe interrumpiendo mis pensamientos, la pequeña chica venía de regreso, ya no traía el conejo con ella. 

—Parece que sucedió algo y Cinthya está algo ocupada, pero vendrá en cuanto pueda. 

Dijo, me levanté asintiendo con la cabeza. 

—¿Y qué fue lo que pasó? 

Pregunté, ella se encogió de hombros. 

—Tampoco me cuentan nada, lo siento. 

Respondió, asentí con la cabeza. 

—Quizá nos creen demasiado pequeños para entender. 

Me quejé, ella sonrió asintiendo. Parecía que mi comentario le había dado un poco de ánimo.

—Bueno, mientras Cuppa siga durmiendo supongo que no tendremos problemas. 

Dijo, asentí mirando a la mencionada. Parecía un poco más relajada. 

Me dije en su estómago, era tan grande para ella, no podía imaginar que clase de bebé saldría de ella. 

—¿Por qué no leemos un poco? 

Propuso tomando un libro del librero en la habitación. 

—Este es el cuento favorito de Ender, habla sobre un caballero que debe viajar lejos por una misión pero en todo momento siempre piensa en regresar con su esposa e hijo. 

Contó sentándose a mi lado abriendo el libro para comenzar a leerlo. 

—El padre de Ender me da miedo. Me mira de manera extraña y siempre me llama “hijo de Creepy”. 

Dije, ella suspiró asintiendo. 

—A mí también me da mucho miedo, una vez nos atacó transformado en dragón. 

Dijo, la miré sorprendido.

—¿Se transforma en dragón? 

Pregunté algo asustado. Podía devorarnos si quisiera. 

—Lo hacia, ahora ya no puede. 

Respondió, suspiré sintiéndome un poco más tranquilo. 

—¿Y qué hicieron para hacerlo enojar? 

Pregunté, ella sonrió cerrando el libro que había dicho que íbamos a leer. 

—Te contaré esa historia, es bastante curiosa. 

Dijo con cierta emoción mientras comenzaba a relatar como Cuppa se sentía una molestia y los tres habían viajado sin contarle a nadie hasta el hogar de los enderman. 

Más que una historia divertida o curiosa me daba temor, en especial cuando describió el hogar y el comportamiento de esos seres tan extraños, pero más temor me dio escuchar cuando el dragón no pensaba en si por accidente lastimaba a alguien, sólo quería eliminarlos. 

Si el padre de Ender le había hecho tal cosa no podía ni imaginar qué podía hacer conmigo. Y es que esa mirada tan fría y molesta que me dirigía, deseaba que no regresara al refugio. 

Vida En Un Mundo LocoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora