Tercer parte de; "Una Vida Pixeleada", "Sobreviviendo en un loco mundo" y "Pixeles Sobrevivientes".
Todo vuelve a la calma después de una larga lucha contra monstruos y poderosos enemigos, ahora nuestros amigos se disponen a reconstruir su hogar y r...
Estaba dentro de la cueva limpiando mis flechas, durante la noche había cazado un cerdo para poder comer y no había tenido tiempo de limpiar mis armas adecuadamente ya que Lena no parece saber hacer nada. Creía que al ser una chica tendría al menos un poco de conocimientos sobre cocinar, pero apenas y logré atrapar el cuerpo inanimado del animal cuando lo lanzó directamente hacia la fogata.
No sabe cocinar, no sabe pescar ni cazar, apenas y sabe luchar para defenderse, tampoco sabe usar armas o fabricar algún objeto. Ella juraba tener más de un mes viviendo sola y viajando por el desierto, pero el ver sus nulos conocimientos de supervivencia me llevaba a pensar que era una mentira.
—“Kel“, mira lo que conseguí. Con esto ya no tendrás excusa para acompañarme a pasear durante el día.
Dijo emocionada entrando a la cueva lanzando contra mí una prenda de vestir. Molesto la quité de encima de mi cara y la estudié, parecía ser una chaqueta con gorro, funcionaría para protegerme del sol.
—Tienes razón, que mala suerte.
Me quejé dándole una sonrisa falsa. A pesar de convivir juntos y no dejar morir al otro no llevábamos una agradable relación.
—Vamos, te gustará, podremos explorar un lugar que acabo de descubrir. Vamos Kel, vamos.
Comenzó a insistir jalando mi brazo para intentar levantarme, suspiré molesto.
—Deja de llamarme así, ya te dije que mi nombre es Skeleton. ¿Y de dónde sacaste esto?
Pregunté aún inspeccionando la prenda a la vez que me quejaba de la manera en que había comenzado a llamarme.
—Lo encontré en una pequeña casa de...de tierra.
Respondió rompiendo en carcajadas, si algo le gustaba era burlarse de los humanos, en especial aquellos que parecían tan inexpertos en supervivencia.
—Estás viviendo en una cueva, “princesa“, no eres mejor que ese ser.
Me burlé usando el apodo con la que había comenzado a llamarla cuando comenzó a decirme “Kel”. En un principio no le molestó y dijo que era algo lindo, pero cuando le dije que la llamaba de esa manera porque no sabía hacer nada por sí misma, que necesitaba que alguien hiciera todo por ella como si fuera una princesa, entonces se molestó.
—Claro que soy mejor, al menos yo sigo con vida.
Respondió entre dientes haciendo que me costara entender que acababa de decir. La miré curioso mientras me colocaba la prenda.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.