Caminata

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NARRA CUPPA 

Ericka, Stevens, Marcus y Mindy habían estado cuidándome y al pendiente de mi salud, pero estaban siendo demasiado exagerados, ni siquiera me dejaban caminar fuera de la habitación. 

Cooper no estaba, se lo habían vuelto a llevar para ayudar con su memoria, aunque nada parecía estar funcionando, cada día regresaba con una idea extraña en la cabeza y pensando que todos eran sus enemigos. 

Salí de la habitación pensando que estaba sola, pero al cerrar la puerta mi mirada se encontró con la de Cindy. Estaba en la cocina robando la fruta que decoraba el pastel que Samara había dejado aquí. 

—Coppa, que bono que estás bien, josto iba a salodar. 

Saludó con la boca llena intentando pasarse todo lo que tenía en sus mejillas, reí divertida. 

—Samara había dicho que odiabas los pasteles. 

Dije. Masticó un poco más y se pasó todo de un sólo jalón, pero después comenzó a toser. 

—No, no me gustan, pero no estoy comiendo pastel, sólo la fruta. Su sabor es tan dulce y ácido. 

Respondió tomando otra de las frutas para comerla, negué con la cabeza. 

—¿Qué haces aquí? ¿Sólo vienes a comer fruta?

Pregunté, no era normal verla en mi casa. De hecho siempre parecía hacer lo posible por estar lejos de mí. 

—Todos están como locos ahí afuera, quieren terminar el refugio antes de que se maten entre ellos. Incluso Ericka se ofreció a ayudar, y están trabajando día y noche, por eso vine a cuidarte. 

Respondió, sonreí asintiendo. No parecía estar concentrada en su tarea asignada. 

—Quisiera salir a caminar, no me han dejado salir desde que regresamos. 

Dije, ella asintió. 

—Lo sé, que aburrido. Pero nadie me cree cuando digo que Mindy toma decisiones exageradas. 

Comentó caminando hacia mí. Quizá me había encogido un poco o quizá era el tiempo sin verla, pero parecía un poco más alta. 

Me tomó del brazo sólo para ayudarme a salir de casa y bajar los escalones de la entrada, después sólo caminó a mi lado. 

—¿Te gustan los conejos? 

Preguntó cuando caminábamos sin rumbo. La miré sin entender muy bien su pregunta. 

—¿Te refieres a comerlos? 

Pregunté, ella negó. 

—No, los animales esponjosos que saltan por todos lados. Que si te gusta verlos. 

Explicó, asentí entendiendo su pregunta. 

—Ah, sí, son lindos. Tienen colas esponjosas. 

Dije, ella asintió. 

—Daichi me ayudó a atrapar unos, Marcus me ha estado enseñando como se alimentan y se deben cuidar. 

Contó, me sorprendió que daba crédito a los demás y no sólo hablaba de ella como solía hacer. 

—¿Quieres verlos? 

Preguntó, asentí sonriendo. 

—Seguro. 

Dije, ella asintió emocionada. Caminamos hacía donde ella indicaba que estaban. 

Era un pequeño corral de madera, dentro había como veinte de esos pequeños y esponjosos animales. 

Vida En Un Mundo LocoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora