Sorpresas...

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NARRA SAMARA 

Me levanté con mucha energía hoy, había prometido a Cooper que iría a visitarlo para preparar un postre juntos. Se comenzaba a sentir mejor, ya caminaba más y decía que ya no le dolían tanto los huesos, me alegraba por él.

Reuní todo lo que fuera necesario y salí con dirección a su casa. Cuando llegué llamé a la puerta, casi enseguida abrió Enderson quien llevaba a Pancho aferrado al borde de su suéter.

—Buenas noches, ¿qué sucede aquí?, ¿no me digas que están peleando?

Pregunté divertida, el chico alto intentaba deshacerse del agarre del ave.

—Cooper tiró un librero y Pancho me atacó cuando salí a averiguar que pasaba.

Se quejó, Pancho aleteaba enojado pero no cacareaba porque eso significaría dejar ir a su presa.

—Seguro pensó que ibas a regañar al pequeño y quiso protegerlo. No te enojes con él, seguro que fue un accidente.

Dije, él cruzó los brazos molesto.

—¿Quién dijo que iba a regañarlo? 

Respondió mirando molesto al pollo que aún no lo soltaba.

—Bueno, con esa cara cualquiera pensaría que esas eran tus intenciones.

Respondí, me miró molesto por el comentario pero no dijo nada al respecto.

—¿Qué haces aquí con todo eso?

Preguntó al ver la canasta que llevaba, lo miré extrañada por su pregunta pero después pensé que quizá el pequeño no le había dicho nada sobre mi visita. Quizá el postre sería una sorpresa así que no quise decir nada.

—Nada, son cosas que junté para mí pero venía a ver a Cooper, escuché que se sentía mejor. 

Respondí, no comentó nada, sólo asintió con la cabeza y me dejó pasar. No había mentido, en la sala de estar había un montón de libros regados por doquier y el mueble recostado sobre un sofá, el pequeño apilaba los libros limpiando las lágrimas de sus mejillas de vez en cuando.

—Enano, Samara vino a verte, pueden platicar en el comedor mientras yo limpió esto.

Dijo, Pancho lo soltó y comenzó a cacarear ruidosamente, Cooper lo tomó en brazos para calmarlo.

—Gracias.

Murmuró sin dirigirle la mirada para después caminar hacia mí, le sonreí intentando animarlo. Fuimos al comedor, suspiró triste a la vez que dejaba a Pancho en el suelo.

—Creo que me odia, sólo soy una carga para él.

Se lamentó, negué con la cabeza.

—Claro que no, no te odia. ¿No has pensado que quizá le gusta cuidar de ti? 

Pregunté, él me miró incrédulo.

—¿Por qué a alguien le gustaría cuidar de otro que sólo sabe dar problemas?

Preguntó, sonreí asintiendo. 

—No le digas a nadie, pero a mí me gustaba mucho cuidar de Skeleton. No importaba si destruía algo en mi casa, o si con sus palabras podía llegar a herirme, siempre disfrutaba cuando podía cuidarlo y consentirlo.

Confesé nerviosa, ahora era lo mismo con Carlos, aunque este al ser un chico más ocupado no puedo disfrutar de mucho tiempo a su lado.

—No es lo mismo, eso era porque amabas a Skeleton.

Vida En Un Mundo LocoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora