Libres De Nuevo

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NARRA SKELETON 

Lena seguía dormida lo que me permitía pensar con tranquilidad, era una distancia muy larga además de ser paredes lisas, nos sería imposible escalar. ¿Por qué tenía que haber caído en esta trampa con esta chica buena para nada? 

Quejándome de mi mala suerte la observaba dormir, parecía tan tranquila como si no le importara nada más. Fijé mi atención en los vendajes que tenía en un brazo, recordé que ella siempre lleva vendajes consigo, además estos son muy resistentes, lo pude comprobar cuando los uso en mí. 

—Hey, princesa, despierta. ¿Acaso te crees que estás en una situación donde puedas relajarte?

La regañé comenzando a moverla insistente, se quejó un poco antes de abrir los ojos para después mirarme molesta. 

—Yo no te he estado molestando. 

Se quejó, negué con la cabeza. 

—No, ya lo has hecho lo suficiente. Dime que tienes más de esas cosas contigo. 

Dije señalando su brazo. Dirigió la mirada hacia donde señalaba y luego me miró confundida. 

—¿Heridas en la piel? 

Preguntó, rodé los ojos molesto. 

—Vendas. 

Respondí serio, ella rió nerviosa. 

—Ah, eso. Claro, siempre tengo muchas conmigo. 

Respondió comenzando a sacar de las bolsas de su ropa varios rollos de vendas. Tomé la punta de uno de estos y lo amarré a una de mis flechas, comprobé que no se fuera a desatar. 

Después de haber amarrado el primer vendaje a la flecha desenrrollé el resto de este para amarrar un segundo vendaje y así crear una especie de cuerda. 

Lena me observó en silencio pasándome más y más rollos de vendajes, cuando calculé que era suficiente me levanté. 

—Dispararé hacia afuera de esta trampa esperando que la flecha se clave en algo firme. Si funciona y tus vendas resisten nuestro peso podremos salir de aquí. 

Expliqué, ella sonrió asintiendo con emoción, me observó en silencio mientras apuntaba con mi arco hacia arriba. Disparé pero a medio camino la flecha perdió impulso y cayó, miré a Lena quien pisaba las tiras de vendaje en el suelo. 

—Lo siento, no me di cuenta. 

Se disculpó apenada alejándose, negué con la cabeza recuperando la flecha para disparar una segunda vez. Esta vez la flecha salió de la trampa perdiéndose de nuestra vista, pero cuando tiré de las vendas para ver si se podía subir se regresó. 

—¿Nos quedaremos aquí para siempre? 

Se lamentó Lena con ojos llorosos, negué con la cabeza. 

—Me niego a morir aquí contigo. Sólo no molestes. 

Dije pidiendo silencio para concentrarme, ella guardó silencio de nuevo observando cómo iba a disparar una tercera vez. Disparé hacia arriba cambiando un poco la dirección, cuando jalé las vendas la flecha no regresó. 

—¡Sí! ¡Estamos salvados! 

Celebró Lena, le dirigí una mirada que la hizo guardar silencio de nuevo. 

—No podemos asegurar eso aún. Ve primero, intenta escalar sin hacer movimientos bruscos que desatoren la flecha. 

Advertí, ella asintió. Tomó la cuerda improvisada y después de algunos segundos que le tomó prepararse comenzó a escalar. 

Comenzó con mucho miedo, pero no se detuvo y continuó. 

—Kel, es seguro. Vamos. 

Dijo como si estuviera explorando un sitio nuevo, negué con la cabeza. 

—Sólo espero que mientras subo no hagas nada que nos vuelva a poner en peligro. 

Pedí, no obtuve respuesta ni tampoco se escuchaba sonido alguno. Subí lo más rápido posible porque no sabía cuánto resistiría la flecha y los vendajes, además que no sabía que estaba haciendo o qué planes tenía Lena estando allá arriba. 

Finalmente llegué a la superficie, estaba sosteniéndome del borde de la trampa para salir cuando alguien me tomó del brazo sacándome bruscamente. 

—¿Qué te tomó tanto tiempo? Comenzaba a pensar que no querías salir de ahí. Vamos, creo que encontré un cuarto de tesoros. 

Dijo Lena señalando en una dirección. Suspiré molesto por todos los problemas que había ocasionado y que ahora actuaba como si no fuera responsable de nada. 

Exploramos aquella habitación mencionada y otras más que encontramos, pero ninguna tenía algo de valor o importancia, ni siquiera algo de utilidad. Finalmente decidimos salir de esas ruinas y regresar a la cueva donde habíamos estado refugiandonos. 

—Creía que encontraríamos algo especial ahí dentro. 

Se lamentó Lena mientras cenábamos. 

—Eran ruinas, seguro lleva años abandonada y ya había sido saqueada. Lo que yo esperaba es que fueras más cuidadosa, pudimos haber muerto ahí o pudo haber sido una trampa peor. 

La regañé, ella suspiró cansada. 

—Ya me disculpé muchas veces, no era mi intención meternos en problemas. Me pregunto si alguna vez eres más amigable. 

Se quejó, rodé los ojos ignorándola. Terminamos de comer y volvimos a salir de la cueva, era una noche algo fría pero a ninguno nos afectaba. 

—Sabes, también vi una construcción muy grande en esa dirección, no parecía abandonada. Donde termina el desierto, unos metros más lejos cruzando un río, hay una casa de cuatro pisos, con muchas habitaciones. 

Comenzó a contar señalando en la dirección, lo pensé un poco. 

—¿Si está habitada para qué quieres ir? ¿Vas a robarlos? 

Pregunté, ella negó con la cabeza. 

—Podemos hacer más amigos. 

Respondió enseguida, negué con la cabeza apenas la escuché.

—Tú y yo no somos amigos, y no quiero hacer más “amigos”. ¿Acaso no dijiste que llevabas viviendo un tiempo sola? 

Pregunté, ella asintió con la cabeza. 

—Pero eso no significa que quiera seguir estando sola. Nadie quiere estar solo. 

Respondió muy segura, decidí que no discutiría con ella. 

—Bueno, si llevándote ahí es una manera de deshacerme de tu compañía está bien. 

Respondí comenzando a caminar, ella me siguió aferrándose a mi brazo para detenerme. 

—Espera, ¿eso qué significa? 

Preguntó, la ignoré y seguí caminando arrastrándola conmigo. 

—Kel, responde. ¿Qué quieres decir? ¿Por qué todo lo que dices siempre suena desagradable? Eres una persona molesta. 

Comenzó a quejarse pero sin soltarme. Mi plan era llevarla a aquel sitio esperando que pudiera dejarla y continuar con mi camino explorando lugares nuevos. 

Caminamos por largas horas pero aún no salíamos del desierto, y aunque el sol no me afectara gracias a la prenda que Lena me había conseguido, sí nos afectaba el hambre y el cansancio. Tuvimos que detenernos para comer y poder continuar peor una vez satisfechos nos quedamos dormidos.

Vida En Un Mundo LocoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora