Prisioneros

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NARRA SKELETON 

Llevábamos un par de días caminando, pero finalmente habíamos logrado llegar al bosque. Había humedad, niebla y lodo por todos lados, pero al menos aquí era más fácil mantenerse a la sombra. 

Lo que resultaba más fastidioso era el tener que caminar al lado de Lena, por no decir tener que arrastrala. No podía ver una flor sin querer tomarla y colocarla en su cabello o ropa, resultaba demasiado molesto y atrasaba nuestro viaje, pues aquí había miles de flores. 

—¿Cómo se supone que sabes que aquí hay una construcción gigante si hemos caminado tanto? Además, jamás había escuchado mencionar un lugar como ese. 

Me comencé a quejar pensando que me había engañado, ella sonrió mientras buscaba un sitio disponible sobre sí misma donde colocar la flor que recién había cortado. Sin borrar esa tonta sonrisa dio un paso hacia mí colocando la flor en el gorro de la chaqueta. 

—Te dije que es gigante, ¿no? Pude verla desde el desierto, desde una zona muy alta. 

Respondió, rodé los ojos a la vez que cruzaba los brazos. 

—¿Cómo sé que no me estás mintiendo? 

Pregunté, ella se encogió de hombros tomándose la acusación con calma. 

—¿Por qué querría engañarte para viajar tan lejos? 

Preguntó, la observé de arriba a abajo antes de responder. 

—Pará conseguir estas asquerosas cosas, quizá. 

Respondí tomando la flor que había colocado sobre mí, la apreté entre la palma de mi mano para luego lanzarla al suelo. Me miró con los ojos cristalinos, al parecer iba a comenzar a llorar pero casi enseguida su rostro se tornó con preocupación. 

—¡Kel! Atrás de… 

La escuché antes de caer inconsciente. Desperté con un fuerte dolor en la cabeza, pero este se me olvidó de inmediato cuando vi donde me encontraba. 

No había luz en el lugar, estaba rodeado de tres paredes de piedra y una reja metálica, el suelo estaba bastante sucio y se escuchaba el eco de un goteo de agua viniendo de algún lugar cerca de mi celda.

Me levanté pero cuando intente avanzar hacia la reja me di cuenta que ambos tobillos los tenía encadenados. Comencé a jalarme intentando soltarme sin tener éxito, pero el sonido atrajo la atención de alguien. 

—¿Kel?, ¿estás bien?, ¿eres tú? 

Preguntó una voz llorosa que parecía venir de la celda continúa. 

—Sí, soy yo. Estaría mejor si no estuviera en este sitio. 

Respondí, la escuché sollozar un poco. 

—Ellos habían dicho que probablemente estabas muerto. Creía que me había quedado sola para siempre. 

Comentó, rodé los ojos. 

—Hace falta más de un golpe en la cabeza para matarme. ¿Qué hay de ti?, ¿estás bien? 

Pregunté, no escuché respuesta. Negué con la cabeza. 

—Princesa, ¿olvidas que estamos en celdas separadas? No puedes sólo responder moviendo la cabeza. 

Comenté burlándome, la escuché reír un poco antes de responder. 

—Lo siento. Estoy bien, cuando se burlaron diciendome que estabas muerto no supe que hacer y sólo deje que me capturaran. 

Confesó, negué con la cabeza, había sido cobarde hacer eso pero no podía culparla. 

Vida En Un Mundo LocoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora