Tercer parte de; "Una Vida Pixeleada", "Sobreviviendo en un loco mundo" y "Pixeles Sobrevivientes".
Todo vuelve a la calma después de una larga lucha contra monstruos y poderosos enemigos, ahora nuestros amigos se disponen a reconstruir su hogar y r...
Cuppa estaba durmiendo y Ender platicaba en voz baja con su mamá, así que yo cuidaba de Cander quien descansaba en la cuna. Lo mecía suavemente mientras observaba lo detallado que estaba el dibujo que Marcus había hecho en la cabecera de la cuna.
El bebé comenzó a hacer unos sonidos con la boca y su sábila comenzó a escurrir por las comisuras de sus labios, tomé un pañuelo de tela y con cuidado lo limpié.
—Parece que vas a hablar mucho cuando crezcas más.
Dije divertido pensando en que Ender esperaba que fuera un bebé tranquilo. Podía imaginarme al enderman perdiendo la paciencia mientras el pequeño jugaba, corría y gritaba por todos lados.
Él comenzó a mover bruscamente sus piernas, como si quisiera patear el aire. Mientras hacía esto con su boca seguía produciendo saliva que escurría a los lados de sus labios.
—Muy bien, creo que tienes hambre. Tranquilo, despertaré a Cuppa.
Dije limpiándolo de nuevo con la intención de después ir a buscar a Cuppa. Casi era como si él me entendiera, porque se calmó quedándose quieto.
Terminé de limpiar los costados de sus labios así que dejé el pañuelo de tela en la protección de la cuna. Esos barrotes cuidadosamente lijados y pintados para evitar que una astilla o algún corte mal hecho lastimara al bebé.
Me incorporé para dar media vuelta e ir por mi hermana cuando volvió a hacer ese ruido, lo miré pensando que iba a volver a salivar pero en su lugar estaba tocando su cara con sus manitas.
—No lo hagas, puedes lastimarte.
Dije tomando con suavidad sus manos. Me sorprendí cuando vi aquella mirada morada y brillante sobre mi.
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Tenía sus ojos fijos en los míos, una mirada intensa pero amable. Antes de que pudiera reaccionar o hacer algo comenzó a hacer ese ruido salivando de nuevo mientras movía con insistencia sus manos queriendo soltarse mientras sus ojos se movían juguetones.
Me di cuenta que estaba inquieto porque quería tomar las partículas de luz que ahora flotaban a su alrededor. Solté sus manos y lo observe como hacía su mejor esfuerzo por atrapar las pequeñas luces, incluso movía con energía sus piernas.
—Ah, yo… Ender…
Comencé a balbucear nervioso sin saber si podía alejarme o sería peligroso. El pequeño Cander seguía concentrado en su tarea de conseguir una partícula.
—Ender… ¡Ender!
Grité dándole una rápida mirada para enseguida seguir vigilando a Cander.
—¿Quién te dijo que puedes gritarme? ¿Qué sucede? ¿Otra vez hay que cambiarlo?
Preguntó acercándose. Cuando acababa de llegar para ayudarlos Cander acababa de comer, por lo que no pasó mucho para que hubiera que asearlo pero era algo nuevo para mí y Ender terminó haciéndolo mientras me regañaba por no ayudar lo suficiente.