Se detuvieron frente a una enorme mansión de piedra que se alzaba en medio del campo, rodeada de árboles y jardines que parecían extenderse mucho más allá de lo que Amelia alcanzaba a ver. Tenía grandes ventanales, numerosas chimeneas y una fachada antigua que, pese al evidente abandono, todavía conservaba algo imponente. La maleza había comenzado a apoderarse de los jardines y algunas enredaderas trepaban por los muros, como si la naturaleza estuviera recuperando lentamente el lugar.
Ben descendió de la motocicleta, obviamente después de ella, y se quitó el casco al mismo tiempo que la mujer lo hacía.
—¿Dónde estamos? —preguntó Amelia mirando a su alrededor.
—Bromley, al sudeste de Londres —respondió mientras miraba a su alrededor—. Deja el casco en la moto. Vamos a dar una vuelta.
—¿Es mío? —interrogó mirando intercaladamente al casco y a él.
Ben solo atinó a reír.
—Claro que es tuyo, lo compré para ti... es rojo, ¿no? —tomó el casco de entre las manos de Amelia, y lo dejó sobre el asiento de la motocicleta, haciéndole compañía al suyo.
Comenzaron a caminar hacia la parte trasera de la propiedad.
—¿Es legal que estemos aquí? —preguntó ella de sopetón.
—Perfectamente legal. La propiedad pertenecía a mis abuelos paternos —comenzó a explicar—. Mi abuela murió cuando yo era niño y mi abuelo falleció hace algunos años. Desde entonces nadie vive aquí y, como podrás notar, tampoco hay demasiada gente preocupándose por mantener el lugar.
Amelia volvió la mirada hacia la enorme construcción.
—¿Y a quién pertenece ahora?
—Es complicado —respondió Ben, alzando ligeramente las cejas—. Técnicamente, sigue formando parte de la herencia de mi abuelo, pero será mía el día en que me case. Esa fue la condición que dejó en su testamento.
Amelia se detuvo en seco y miró nuevamente la mansión. Después recorrió con la vista los enormes jardines, los árboles que se extendían a lo lejos y todo cuanto alcanzaba a distinguir de la propiedad.
—¿Toda esta cosa? —preguntó, señalando a su alrededor.
—Toda esta cosa —confirmó Benedict con absoluta tranquilidad.
—¿Y solo tienes que casarte?
—No digas "solo" como si fuera sencillo —replicó él—. Creo que es más probable que resolvamos Poincaré en cinco minutos a que yo me case...
Amelia volvió a mirar la mansión.
—Yo lo pensaría.
Benedict soltó una carcajada.
—¿Y qué tal vas con Clare? Quizás ella podría ser una candidata...
—¿Clare?, ¿la secretaria del doctor Spencer? —preguntó él divertido.
—Sí, esa Clare.
—La interacción más intensa que tuve con ella fue cuando arreglé su engrapadora hace un mes.
—Suena bien para mí, por algo se comienza. —murmuró Amelia sonriendo.
—No, no es de mi estilo.
Amelia negó con la cabeza mientras continuaban caminando sobre la hierba fresca. Al llegar a la orilla de un gran estanque, Ben se quitó la chaqueta y la extendió sobre el suelo, haciéndole un gesto para que se sentara. Amelia, sin embargo, se quitó también la suya y la acomodó junto a la de él, ampliando así el improvisado lugar donde ambos terminaron por instalarse.
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Panacea Universal (EN EDICIÓN)
Fanfic❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
