Capitulo 5

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La ultima noche antes de embarcar nos vamos con Nam de fiesta. Sobre las ocho de la mañana, un ensordecedor ruido, que identifico como la música de la película Tiburón, me despierta y me levanto buscando su origen. No lo encuentro. Corro pero sigo sin dar con él. Tutu… tutu… tutu… tutuuuuuuuu. ¡Oh, Dios…, esa estridente musiquita me está volviendo loca! Nam aparece en el comedor y con cara de cansancio, preguntan:

—¿Qué es esto que suena?
—Tiburón. respondo, a punto del infarto.

De pronto vemos a una mujer que sigue dormida sobre el sofá, boca abajo, y me doy cuenta de que el ruido proviene de uno de los bolsillos de su pantalón. Con cuidado, le damos la vuelta y el ruido se hace más ensordecedor. Tutu… tutu… tutu… tutuuuuuuuuu.
—Debe de ser su telefono. comenta Nam, tapándose los oídos.
- Páralo, por favor. Meto la mano en el bolsillo trasero del pantalón y saco el móvil. Es una llamada. ¡Menuda musiquita…! El teléfono suena y suena y la muchacha no se despierta. Cuando ya no puedo más, abro el Teléfono y, sin mirar la pantalla, grito:
—¿Quién es?
—¿Quién es usted? oigo que responde una mujer y, al no recibir contestación, me dice:
- Haga el favor de decirle a mi hermana Faye que se ponga al teléfono. Oh… oh… ¡aquí está el problema! Resoplando, contesto:
—Imposible. Aún no se ha despertado. La mujer suelta toda una serie de improperios y cuando por fin agota su bonito vocabulario, pregunta:

—¿Faye ha bebido? Miro, Más que beber ha debido de absorber el licor por todos sus poros.
—Bueno, la verdad es que…

Ahora la que resopla es ella, y pide:

—Deme su dirección. Iré a buscar a la loca de mi hermana.

No me apetece que esa idiota aparezca por el apartamento, pero me guste o no es lo mejor. Así que, con la misma frialdad con que ella me ha hablado, le doy la dirección y, tras colgar, miro a Nam y digo:

- Vuelve a la cama. Yo esperaré a que venga la simpática hermanita de Faye a buscarla y luego también me acostaré.

Cuando me estoy tomando una taza de café, suena el timbre del portero automático. Corro a abrir para que no vuelva a sonar y veo por el monitor que se trata de una mujer, lleva gafas de sol. ¡La novia! Durante unos segundos, la observo sin ser vista y lo primero que me llama la atención es su cara bonachona mientras pregunto por el intercomunicador:
—¿Quién es?
—Disculpe, vengo a buscar a Faye. Una vez le doy al botón, voy hacia la puerta de la casa y la abro.
—Buenos días. saludo.
La mujer  asiente con la cabeza y al ver que no se mueve, digo:

—Puedes pasar. Vamos, no te quedes ahí. Una vez dentro, me tiende la mano y dice:
—Soy engfa. La miro y contesto:

— Y yo Rebecca.

Cuando cierro la puerta, le hago un gesto con la cabeza y ella me sigue hasta el salón. Faye está tirada en el sofá y al ver su estado, la mujer se acerca, le pasa la mano por el pelo y murmura:

— Faye… No digo nada. Entiendo su gesto.

Finalmente, tras un tenso silencio, suena su telefono. Ella lo coge. La oigo hablar y, de pronto, tendiéndomelo, dice:
— la hermana de faye quiere hablar con usted. Sorprendida, cojo el teléfono y saludo jovialmente:

—Hola, hermana de faye.
Tras un tenso silencio, pregunta:

—¿Lo pasó bien con mi hermana? Sonrío.

La verdad es que me lo pasé genial bailando con ella. Menuda marcha que tiene y qué bien baila salsa. Pero su tono de voz me hace entender que no me ha preguntado eso y deseosa de tenerla enfrente suelto:
—¿¡Qué estás insinuando!?
- Yo no insinúo… yo afirmo.

Resoplo de nuevo. Esta idiota se está pasando y sin pensarlo digo:

—Mira, pedazo de imbécil, ten cuidado con lo que afirmas, porque conmigo estás metiéndote en arenas movedizas y yo no soy de las que se callan cuando las cosas no son verdad. Afortunadamente para ti, no te tengo delante y además esta mi amiga durmiendo en la casa y no tengo ganas de despertarla con las palabritas que me encantaría dedicarte, de lo más desagradables todas ellas, por creída y prepotente. Así pues, y una vez dicho esto, haz el favor de irte a la mismísima mierda.

Voy a colgar cuando la oigo decir:
—Nunca he conocido a una mujer tan desagradable y mal hablada como usted.
—Me alegra saberlo. Resopla. Yo resoplo también y cuelgo.

Histérica, miro a la mujer, que me tiende la mano para que le devuelva el teléfono. No dice nada. Sólo sonríe. Luego se agacha, agarra a faye con facilidad, se lo echa al hombro y cuando llega a la puerta, dice: —Gracias por cuidar de ella.

Asiento. No tengo ganas de hablar ni de pensar y, cuando se marcha, me voy derecho a la cama.

JUEGOS DE SEDUCCIONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora