Por mi cabeza pasan mil preguntas que no puedo hacer. Hay demasiada gente a nuestro alrededor observándonos y no sería justo ni para ella ni para mí. Finalmente, hago fuerzas y consigo decir:
—Lo importante es que su abuela esté bien. Lingling y Faye asienten y, mirando a mi amor, añado:
—En este momento, eso es lo único importante, Freen. No te preocupes por nada más. Por nada. Sonrío.
Sabe que estoy nerviosa. Ella ni siquiera parpadea, sólo me mira. De pronto, da un paso hacia mí y, cogiéndome por la cintura, me acerca a ella, me retira el pelo de la cara y me besa. Siento su boca sobre la mía con una dulzura extrema y sin importarme los ojos que nos observan con curiosidad, respondo a su beso, mientras un torrente de pensamientos, me bloquean el cerebro.
—Si me extrañas, llámame. La oigo decir. Asiento. Busco su boca y nos volvemos a besar y cuando dejamos de hacerlo, me sujeta la cara con sus cuidadas manos para que la mire sólo a ella y murmura:
—Lo siento. Lo siento mucho, Rebecca.
Me trago las lágrimas e intento sonreír. Era todo tan bonito que era imposible que durase. Vuelve a besarme, esta vez con desesperación. Cuando pone fin a su apasionado beso, me suelta, se da la vuelta y, seguida por sus hermanas, sale de la cocina sin mirar atrás. Cuando la puerta se cierra tras ella no me puedo mover, hasta que la mano fría de Nam me hace regresar a la realidad. La miro y murmuro:
—Se ha acabado todo.
—No, no digas eso. No lo sabes.
—Sí lo sé. Se acaba de despedir de mí.
La barbilla me tiembla y, al verlo, Nam me dice que no con la cabeza. No puedo llorar. No debo hacerlo. Tiene razón. Llorar delante de todos dejará patente mi debilidad y mi desengaño, por lo que, en cuanto trago el nudo de emociones que tengo en la garganta y consigo tomar una bocanada de aire, miro a mi alrededor y, con una sonrisa, les grito a mis compañeros:
—¿Se puede saber qué mirán? Sin responder, pero tan desconcertados como yo, todos retoman sus tareas. Los chismes sobre Freen y yo comenzarán en décimas de segundo, no tengo la más mínima duda. Una vez la cocina vuelve a su ritmo, miro a Nam totalmente desconcertada y murmuro:
—He de pasar al plan B con urgencia.
—Pero ¿por qué? Con todo el dolor reflejado en mis ojos, murmuro:
—Porque ella se ha ido para siempre.
En ese instante, Saint, que lo ha contemplado todo en silencio, se acerca hasta nosotras y, levantando la voz, dice:
—Rebbeca, te dije que estaban prohibidas las relaciones entre los trabajadores del barco. ¿Lo recuerdas? No contesto, me niego a hacerlo, y él sigue:
—Ni que decir tiene que estás despedida....
—¡¿Qué?!
Con una sonrisita triunfal, mi jefe contesta:
—Lo llevo sospechando desde hace tiempo, pero nunca las había pillado, hasta que hoy las he visto, igual que las han visto todos tus compañeros. Y señalando hacia la puerta por donde Freen salio, añade:
— La mujer que se acaba de marchar, la señorita freen Chankimha, se puede permitir tontear con una camarera como tú. Seguramente no eres la primera con la que lo hace.
Si contesto le arranco los ojos y Saint continúa:
—Ahora, ella se ha marchado y a continuación te vas a marchar tú. Con la diferencia de que ella lo ha hecho por la puerta principal y tú te vas a ir por la de atrás.
- Será mala persona. Gruñe Nam. Saint la mira…
Yo agarro su mano para calmarla y él sonríe.
—Es usted un demonio. Y espero que algún día alguien lo ponga en su sitio. Digo furiosa.
Mis palabras no le importan nada y añade:
—Haz el favor de pasar por mi oficina para firmar el finiquito.
—Pero ¿qué está diciendo, hombre? Grita Nam. descompuesta.
Durante varios minutos, discuten, y yo dispuesta a no quedarme atrás, intervengo también. No cabe duda de que las dos acabamos de comenzar una guerra. Saint está ciego de ira. Tiene delante a dos fieras que le estamos diciendo de todo delante del personal. Finalmente, Nam se quita el delantal y el gorro de cocinera y, tirándoselo a la cara, dice:
—Por supuesto, yo también me voy, ¡idiota!
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JUEGOS DE SEDUCCION
CintaRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
