Capitulo 119

242 26 3
                                        

De pronto llaman a la puerta, y espero lo peor. Cierro los ojos, abro y me encuentro a la mujer que, definitivamente, quiero sólo para mí. Tan guapa y espectacular como
siempre, sin decir nada, me tiro a sus brazos, la beso… y cuando me aparto de ella me pongo a llorar y digo:

— Un avión...yo, llame.. llame a todos... Yo creí...

Ella me abraza. Entra en la habitación, cierra la puerta, me coge en brazos y besa, para y me vuelve a besar, dice:

— Tranquila cariño. Me vuelve a besar y cuando se aparta le digo:

— Si quiero.
Ella cierra los ojos y hace el signo de la victoria. Se aparta de mi y dice:

—Espera… estás cosas no se hacen así.

Entonces veo que se saca el anillo del bolsillo, se arrodilla ante mí y, con esa mirada que adoro y que siempre adoraré, me pregunta:

—Cariño, ¿me harías el honor de ser una vez más mi mujer?
Enamorada de esta loca, asiento.
—Una y mil veces.
Cuando el anillo que meses atrás le devolví está puesto de nuevo en mi dedo, Freen se levanta y me vuelve a besar. Me abraza y dice:
—Ahora ya vuelves a ser totalmente mía.
Emocionada, voy a decir algo, cuando ella me corta:
— Toma tu pasaporte.
La miro sin entender, y explica:
—Vamos. Nos esperan en el aeropuerto.
Alucino. ¿Quién nos espera en el aeropuerto?
— Freen, no me puedo ir. Le digo.

Mañana tengo la gala de los premios  y viene mi familia.

—Si vamos a empezar con problemas por mi trabajo yo…
No puedo decir nada más. Me besa y, cuando separa la boca de la mía, dice:

—Es la una de la madrugada. Los premios comienzan a las siete de la tarde. Te prometo que estaremos de regreso para esa hora.

—Pero ¿adónde vamos? Pregunto desconcertada.

Freen sonríe, me pone una gorra para ocultar mi pelo y con seguridad responde:
—A Las Vegas. ¡Nos vamos a casar!

Suelto una carcajada. Aún recuerdo cuando le propuse que celebraramos nuestra primera boda en Las Vegas y ella se negó.
Salimos por la cocina y nadie nos ve.
En el aeropuerto, quedó atonita aún más cuando me encuentro a Orm a Irin y a Nam ¡¿NAM?! Ellas, al verme aparecer, gritan enloquecidas y, tras abrazarme, Nam dice:

—Desde luego, tú ya llevas dos bodas y yo ninguna. ¡Qué  injusticia!. Ambas nos reímos y, abrazándome con cariño, mi amiga me susurra.

— Que seas, muy feliz. Sin duda, esta morena es tu media  naranja y yo siempre seré la capitana de su barco.
Asiento y sonrío cuando Orm dice:

—Más vale que regresemos a tiempo o Lingling nos descuartizará.

Tras pocas horas de vuelo, en las que me entero de que las chicas estaban al día de todos mis acercamientos con Freen, río al ver lo brujas que son todas y cada una de ellas. Ahora entiendo por qué siempre me encontraba allá adonde fuera y conseguía mis nuevos números de móvil. Nam era su complice. Definitivamente es la mejor capitana del barco. Me hacía ver que la odiaba, pero en realidad era ella la que la tenía al día de todo.

Llevo muchas horas sin dormir, pero la emocion que tengo creo que me ha quitado el sueño.
Freen ha reservado habitaciones en un hotel para las chicas y una impresionante suite de recién casados para nosotras. Me sorprendo al verlo.
Sinceramente, no sé para qué tanto, cuando apenas la vamos a disfrutar.
Cuando  nos estamos arreglando Irin saca mi peluca oscura y yo me río. Según he de ponérmela si no queremos que alguien me reconozca y la noticia se filtre a la prensa.

Cuando salimos del ascensor, la gente nos mira y sonríe. No me reconocen y yo, encantada, pienso que me voy a casar con mi amor otra vez. Cuando llegamos a la capilla y veo a mi futura esposa esperándome, ¡me derrito de amor!
Ante mí tengo a la mujer más guapa que ha habido y habrá sobre la faz de la Tierra.
Cuando me acerco a ella, sonrío y, divertida, murmuro:

—Creo que estamos locas.

Me besa, mira al oficiante, que lleva unas patillas a lo Elvis, y dice:
—Ya puede empezar.

Tras darnos una pequeña charla de la que no nos enteramos porque no
podemos parar de mirarnos y sonreír, a las nueve de la mañana, Freen vuelve a ponerme la alianza que le devolví y el oficiante nos declara esposa y esposa. Nos besamos con deleite y pasión.

Un rato después, tras fotografiarnos muertas de risa, el de las patillas nos da unos papeles que ambas tenemos que firmar.

Cuando llegamos al  vestíbulo del hotel, Freen me abraza y murmura:

—Aún lamento los meses que no te he tenido. Pero, tranquila, esta vez he aprendido la lección.

Permanecemos abrazadas durante un rato, disfrutando de nuestro
reencuentro, de nuestro tacto y de nuestro amor, cuando mi esposa  dice:
—Estarás agotada. ¿Quieres dormir estas tres horas?
—¿Y perderme mi apasionada y morbosa mañana de bodas? ¡Ni loca!. Contesto.

Cuando el ascensor para en la planta 21, camino del brazo de mi mujer hacia una habitación.
Freen cierra la puerta y, cogiéndome por la cintura mete las manos por debajo de la falda y, murmura.

—Está muy húmeda, señora Chankimha. Asiento. Estoy húmeda, caliente, mojada.

Freen me quita el vestido, que cae a mis pies y, tumbándome en la cama, me abre los muslos y me come, me desayuna. Su boca impetuosa me arranca gemidos de placer, me hace suya con la lengua, mientras, con los dedos, me agarra y excita los pezones.
Instantes después, sube hasta mi boca, me aplasta sobre la cama y murmura:

—Te quiero, mi vida.
Ambas sonreímos. Volvemos a estar juntas.
—Te quiero, mi amor. Contesto.

Nuestro beso es dulce y lleno de deseo.
Acabado ese asalto, hay un par más sobre el sofá y sobre la cama.
No hay descanso. No queremos parar. Sólo deseamos morbo y lujuria. Sexo y desenfreno. En esta habitación todo es ardiente, caliente y adictivo. Sin duda, vuelvo a estar con mi amor, con la mujer que mejor conoce mi sexualidad y
con la que me permito ser siempre yo.

A las doce y veinte, cuando embarcamos en el avión, mis amigas,  se quedan dormidas. Yo intento no hacerlo, pero Freen, con mimo y besos cariñosos, me obliga a dormir. He de hacerlo, esta noche tengo una actuación y debo descansar.

JUEGOS DE SEDUCCIONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora