Varios de los responsables de la discográfica se ponen en contacto conmigo. Todos menos Lingling. Aunque Freen les pidió que anularan la gira, no le hicieron caso e insisten en que la haga. Ahora ya no estoy embarazada y no sé qué responder.
Esa noche, tras la cena, se lo comento a Freen y, con mala cara, dice:
- Rebecca, ese tema ya lo dejé resuelto. Anulé la gira.
Sin importarle lo que yo piense, me molesto, y respondo:
-La última palabra la tengo yo, no tú. Es mi gira, mi trabajo. Tú tomaste esa decisión en un momento de calentón y...
-He tomado la mejor decisión para nosotras.
-¡¿Para nosotras?! Grito nerviosa.
-Dirás para ti.
Mis palabras, cargadas de tensión, hacen que me mire y, responde:
-Tranquilízate, estás muy alterada.
Sin hacerle caso, vuelvo a gritar:
-¡¿Cómo me voy a tranquilizar con lo que dices y haces?! ¿Qué te ocurre? No me hablas, no me tocas, no me miras. ¿Tanto me odias por lo ocurrido?
Ella me mira y murmura con gesto de enfado:
-Mira, Rebecca, yo no te odio, pero haz lo que quieras.
Su voz...
Su gesto...
Su contestación...
Veo la rabia que guarda en su interior y digo:
-¿Por qué nunca me has dicho que tienes problemas en el hospital por mi culpa? ¿Por qué?
Me vuelve a mirar sorprendida y pregunta:
-¡¿Qué?!
-Sé que llevas tiempo aguantando comentarios, habladurías y...
-Lo que yo aguante en mi trabajo o fuera de él es cosa mía. Tú no tienes por qué preocuparte.
-¡Te equivocas! Grito, al ver que me lo confirma.
-Me preocupo. Eres mi esposa y me inquieto. Nuestro mundo perfecto se está desmoronando y... y... Pero si hasta me excluyes de tu vida social como si fuera la peste y no me cuentas que...
-¿Qué quieres que te cuente? Sube la voz.
-¿Que tengo que soportar cómo se rien de mí mis compañeros cada vez que te inventan un nuevo romance o dicen que te han visto en una fiesta? O quizá te explico lo mal que me sienta ver los putos titulares de la prensa? Mira, Rebecca, no me enojes más, que bastante aguanto ya por ti.
Sin duda, tenemos una conversación pendiente y decido que sea aquí y ahora. Así que me recuesto en la silla y digo:
-Estoy recuperada. Dime lo que me tengas que decir.
Freen frunce el cejo y pregunta:
-¿A qué te refieres?
-Sé que el problema no es sólo lo que has mencionado. Hay más, ¿verdad?
-¿De qué hablas? La miro con dureza.
-Sabes muy bien a lo que me refiero. Vamos, ¡dímelo!
Su gesto impasible me pone el los pelos de punta.
-Rebecca, déjalo.
-¡No! Grito levantándome.
-No quiero dejarlo. Quiero que me digas lo que tienes guardado dentro. Deja de huir de mí quedándote en el hospital o encerrándote en tu despacho. Sé sincera y enfréntate a ello.
No responde. Y yo grito:
-¡Sé que piensas que yo tuve la culpa de la pérdida del bebé. Sé que piensas que si te hubiera hecho caso nada de todo esto habría pasado y... y...!
Freen se levanta para abrazarme, pero yo, deteniéndola, grito:
-¡Dímelo!
Se resiste. Noto que sus sentimientos la carcomen por dentro y finalmente susurra:
-No pienso nada de lo que dices. No sé por qué crees que yo...
-¡Mentirosa!
El cabreo de Freen sube como la espuma y cuando ya no puede más, grita también, con ojos furiosos:
-¡No creo que tuvieras la culpa de la pérdida del bebé, esas cosas pasan. Pero sí creo que deberías haberte cuidado un poco más! Si me hubieras hecho caso, quizá...
-Quizá no habría pasado, ¿verdad? Finalizo su frase.
-¿Lo ves? Lo piensas. Me culpas de ello.
Freen se toca la frente. Sin duda se acaba de dar cuenta de que tengo razón y se da la vuelta para marcharse. Yo la miro sin decir nada y, antes de llegar a la puerta, se para, se vuelve y, mirándome, dice:
-La última vez que tuvimos una discusión, te prometí que no me iba a aislar, te dije que pasara lo que pasase, tú recogerías los pedazos. Asiento.
Nos miramos con dureza a los ojos. Esta ilusión perdida sin duda se va a llevar parte de nosotros con ella y, con gesto duro, Freen dice:
-Estoy muy dolida al pensar que antepusiste esos conciertos a nuestro bebé. Estoy atormentada porque no me dejaste cuidarte. Estoy harta de verte en la prensa y de que todos en el hospital me miren compadeciéndose o riéndose de mí. Estoy triste porque yo quería a ese bebé tanto como tú. Y estoy furiosa porque no sé cómo superar el dolor y la decepción que siento sin estar enfadada contigo.
Sus palabras son muy duras y no sé qué responderle. Sólo estamos a dos metros de distancia, pero es como si estuviésemos a millones de kilometros. Nunca en todo el tiempo que llevamos juntas he tenido esta sensación de vacío tan tremenda y, sin saber qué decir, paso por su lado y me voy a la habitación a llorar.
ESTÁS LEYENDO
JUEGOS DE SEDUCCION
Storie d'amoreRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
