Cuando me despierto, estoy en una cama de hospital. Freen se encuentra a mi lado y cuando abro los ojos, me murmura con cariño, mientras me retira el pelo de la cara:
—Hola, preciosa. Con la boca algo seca, contesto:
—Hola… Los recuerdos vienen a mí como un tsunami y los ojos se me llenan de lágrimas. Intuyo lo que ha pasado, Freen, me besa la frente con ternura mientras me dice:
—No te preocupes, cariño… tendremos otro bebé.
Al día siguiente regresamos a Los Ángeles, y una vez en casa, me encierro en la habitación, donde lloro. Freen se muestra muy cariñosa conmigo. Hablo con mi familia y se apenan tanto como yo por lo ocurrido. Mi madre quiere venir a verme, pero yo no la dejo. Deseo regresar cuanto antes a mi vida.
Todos me consuelan, pero yo no consigo sobreponerme. Me culpo de lo ocurrido. Tendría que haberle hecho caso a Freen. Tendría que haber descansado, pero no lo hice y el resultado ha sido catastrófico.
Mis amigas se turnan para no dejarme sola cuando Freen se va a trabajar. No me dejan ver la televisión ni leer la prensa. La noticia de mi aborto está en todos los titulares y, aunque creen que no los veo, desde mi teléfono me martirizo leyendo las terribles cosas que insinúan. Cuando llega Freen por las noches, se desvive por mí, pero la noto distante. Intuyo que en su interior guarda algo que tarde o temprano tendrá que salir.
Desde que ha ocurrido lo del bebé, trabaja más que antes. No sé si lo hace porque verdaderamente tiene mucho trabajo o porque no quiere estar conmigo. Una tarde, llega antes de lo habitual, se ducha y se pone un esmoquin. Sorprendida, entro en la habitación.
—¿Adónde vas? Con gesto serio y sin mirarme, responde:
—Hay una gala en el hospital para recaudar fondos para la nueva sala de neonatos.
—¿Por qué no me lo has dicho? Pregunto.
—No lo sabía, aún no me he vestido y…
—Tú no vienes, Rebecca.
Su voz, su tono tan serio, me inquietan.
—¿Por qué no?
Como ella no responde, abro un armario e insisto:
—Si me das media hora, prometo estar lista y…
—Si no te lo he dicho es porque no quiero que vengas.
Su frialdad, me deja tan atónita que cierro el armario y no digo nada más. Salgo de la habitación y, un rato después, tras darme un rapido beso, se va.
La brecha entre nosotras ya es totalmente visible. Incomunicación total. Lloro angustiada y soy consciente, sin que ella me lo diga, de que me quiere lejos de su trabajo y de sus compañeros. Seguramente se avergüenza de mí. Cuando llega de madrugada, me hago la dormida mientras la veo desnudarse y meterse en la cama. No la toco ni me toca, y una lágrima corre por mi mejilla.
Con todo lo que yo estoy sufriendo por lo ocurrido, a ella no la he visto soltar ni una lágrima delante de mí. ¿Sufrirá? Sabía que era duro, pero nunca pensé que pudiera serlo tanto. Su actitud me recuerda a veces a la de su abuela y eso me produce un escalofrío.
Al día siguiente, se va a trabajar sin que hablemos nada. Sabe que estoy molesta por lo ocurrido, pero no pregunta. No se interesa por mí. Intento comprenderla, intento no reprocharle nada. Pero necesito que me hable, que me grite o se enfade conmigo. Necesito que nos comuniquemos, como siempre hemos hecho, pero ella no quiere.
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JUEGOS DE SEDUCCION
RomanceRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
