Al salir del salón, oigo que Freen discute con su abuela. No es para menos. Entro en mi habitación y me acerco a la ventana mientras me masajeo la mano. La abro de par en par y aspiro el aire que entra del mar. ¿Cómo esta mujer puede tenerlo todo y vivir tan amargada? Pienso en mis padres. En el cariño que le demostraron a Freen desde el primer momento y me desespero. ¿Por qué no he recibido yo eso también? Empiezo a tranquilizarme, cuando se abre la puerta de la habitación. Es Freen, que cerrando de un portazo, me suelta:
—¡Si continúas así, nos vamos!
—¡¿Qué?!
—Lo que oyes. Es muy incómodo estar en medio de ustedes y…
—Eso no me lo digas a mí, díselo a ella. Sabes perfectamente que es tu abuela quien me busca continuamente y…
—Pues sé más lista que ella. No entres en su juego.
—¿Y dejar que me hunda? ¿Que me coma? ¿Que pueda conmigo?… qué poco me conoces si esperas eso de mí.
Acercándose en actitud intimidatoria, dice:
—Espero de ti sensatez, madurez, saber estar. ¿Acaso no te has dado cuenta? Molesta por su tono, me aparto y contesto:
—No me hables como ella. No soy tonta.
—Pues en ocasiones lo…
La corto con el ímpetu de un tsunami.
—¿Ibas a decir que lo parezco? Freen no responde. Se calla y yo, hecha una fiera, grito:
—¡Se acabó! ¡Quiero irme de aquí ahora mismo! Me rindo. Tu abuela ha podido conmigo. A la mierda tu dinero, la boda y todo. ¡No puedo más!
Freen no se mueve. Sólo me mira y, acercándome a ella en actitud intimidatoria, yo sigo:
—No es fácil ver cómo la abuela de la persona más importante de mi vida me desprecia continuamente, me habla mal, me humilla, me desprestigia, porque cree que sólo quiero tu dinero o bien lanzarme al estrellato como cantante. No es fácil escuchar que la tal Nita es la mujer ideal para ti. ¿Por qué nunca me has hablado de ella?
—Porque ella es pasado, Rebecca. Yo tampoco te he preguntado por tus exnovios. No me interesan.
Tiene razón. Nunca me ha preguntado y prosigo:
- Según tu maravillosa abuela, ella es la mujer ideal para ti. Te hará feliz y yo una desgraciada. ¿Cómo crees que me siento cuando la oigo? Freen no responde y continúo:
—No es fácil no mandar a tu abuela a la mierda cada vez que abre su jodida boca y la menciona para desprestigiarme a mí.
—Vale, cariño, tranquilízate.
Su tono me hace saber que se está conteniendo. Tiene la boca crispada y me ahorro contarle el desagradable episodio en el que su abuela intentó chantajearme con una carrera musical para que la dejara, lo de inglesa Sopheṇī y todos los feos que me hace cada día. Contarle eso le haría mucho daño, pero grito furiosa:
—¡Tu abuela no es una ogra, es una maldita cabróna!
—Rebecca, no te pases.
—No me paso, Freen, ¡me quedo corta! Digo furiosa.
—Desde que he llegado, intento entender que es especial, pero ¡se comporta como una diva!
Le duele que lo diga, pero ya no puedo dar marcha atrás.
—Todo lo que yo hago o digo es cuestionable, reprochable. Reconoce que me busca… y aunque intento mantener mi lengua, mi genio y mi mal humor controlados por ti, si sigo aquí creo que la mala víbora que llevo dentro va a salir y entonces sí que me va a odiar. Por lo tanto, ¡sácame de esta casa!
Intenta abrazarme, pero yo la empujo. Me aparto de su lado y no dejo que se acerque a mí. Eso sé que la afecta. La irrita.
Freen, que debe de estar tan harta como yo, explota y nos enzarzamos en una tremenda discusión, en la que ninguna de las dos pone freno a sus reproches ni a sus quejas.
A gritos, Freen reconoce las dudas que le genera que yo quiera seguir adelante con mi carrera de cantante. Yo le respondo que sus dudas son infundadas. Sus comentarios despectivos me duelen. Ver que su abuela le está haciendo ya dudar de lo nuestro me enerva aún más y me pongo como una fiera.
Ella tampoco se queda atrás y cuando ya no nos podemos decir nada más, abre la puerta de la habitación y se va. Como siempre, se va dejándome sola. Desesperada, miro por la ventana y la veo encaminarse hacia el garaje. Oigo el motor de su automóvil y poco después veo que se marcha. Me echo sobre la cama y lloro angustiada durante un buen rato. Cuando me tranquilizo, no sé qué hacer ni adónde ir. Al pasear la vista por la habitación, veo mi teléfono. Se me ocurre una cosa. Me meto en Google y busco Nita, pediatra...
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JUEGOS DE SEDUCCION
RomanceRebecca trabaja de cantante en los hoteles de inglaterra. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y, en cierto modo, acomodada. Pero a Rebecca le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercamb...
